Sin embargo estoy aquí, resucitando

Perdió a su mujer, la maestra Sandra Almirón, víctima de un asalto. Transformó el dolor en solidaridad y se propone ayudar a los chicos en situación de riesgo. Un hombre que sigue creyendo, a pesar de todo.

martes, 28 de diciembre de 2010 · 00:00

 

Walter junto al auto con el que recorre todo el país y que lleva impreso el rostro de Sandra. “Lucho contra el olvido, no quiero que se olviden nunca de mi señora”, asegura.

 

por Celeste Lafourcade

 

Reflexivo y sereno, como si cada palabra bien dicha fuera una pequeña conquista en su pelea contra el dolor que despierta bronca y quita las ganas de todo, ese que convive con él desde hace un año. Así se muestra Walter García, el hombre que de la noche a la mañana se transformó en el viudo de Sandra Almirón, la maestra asesinada en Derqui. Y que hoy logró transformar su cruz en una buena causa.

“Lucho contra el olvido, no quiero que se olviden nunca de mi señora”, afirma Walter, sentado en el comedor de su casa del barrio La Alborada que revive en fotos el gesto alegre y los ojos azules intensos de Sandra. Metros más adelante, en la entrada, el 25 de noviembre de 2009, tres delincuentes terminaron con la vida de la docente durante un intento de robo.

Habiendo transitado todos los estadios que impone el dolor, el hombre de 37 años decidió transformar la tristeza en acción. El reclamo original de justicia y seguridad se convirtió en una iniciativa social con la que busca ayudar a chicos en situación de riesgo.

Todo comenzó a gestarse en las primeras movilizaciones organizadas en Derqui por la familia de Sandra, las mismas que continúan hasta la actualidad. “En enero –recuerda- empecé a ir a las marchas y ahí me di cuenta que quería hacer algo por los demás, a mí no me devuelve nadie a mi señora, lo que quiero hacer es concientizar a la gente para que no le pase a otro lo que me pasó a mí”.

Pero las marchas sólo fueron el comienzo. Desde el lado comunitario, Walter adoptó una actitud activa en la sociedad de fomento del barrio La Alborada, que consiguió importantes avances para la urbanización.

Inmediatamente, decidió empapelar su auto con fotos de su mujer y leyendas reclamando seguridad. Con ese vehículo recorrió buena parte del sur del país, acompañando el Gran Premio Argentino Histórico de automovilismo. La bandera de Sandra Almirón llegó, además, al autódromo de Buenos Aires y a la cancha de Boca, entre otros lugares y las remeras con su cara se convirtieron en un emblema.

La última iniciativa tuvo lugar el último fin de semana de noviembre, con la organización en Pilar del “Maratón por la Vida y la Seguridad”, en memoria de Sandra, que será repetido todos los años.

En su periplo, Walter realizó diversas acciones solidarias dirigidas a escuelas carenciadas –como el reparto de útiles- reivindicando la vocación de su esposa, que según él: “lo que más le interesaba eran los chicos del colegio”.

El matrimonio colaboraba activamente con UNICEF y cumpliendo con un sueño que gestaba Sandra, Walter planea además abrir la fundación Ojos de Cielo para ayudar a los niños en situación riesgosa. “De arriba ella manda fuerzas –explica convencido- siento que la fuerza que tengo no es de acá”.

 

-¿Por dónde pasa el sentido de su vida?

. Por quedarme tranquilo y poder llegar a cambiar algo de esto, ayudar a los demás y tener más seguridad, para que dentro de 10 años mis sobrinos puedan jugar afuera, sin peligros, como queríamos con Sandra.

 

-¿Qué cosas cobraron otro valor a partir de lo que pasó?

- Uno generalmente está en su mundo y por ahí no ves que el otro necesita que le des una mano. Ahora en el tiempo que me sobra y que no quiero quedarme solo, hago algo para ayudar a esta gente. Es hacer del barro que no sirve para nada, una obra de arte.

 

Seguir creyendo

“Hay que empezar con los más chicos. A los que están en la calle con muchísimo apoyo los podés sacar, al asesino ya no, porque le da lo mismo escupir que matar”, remarca Walter con una serenidad que no lo abandona ni siquiera al hablar de los criminales de su esposa, jóvenes de edades similares a los que él quiere ayudar. “Yo no quiero hacer política, quiero que la gente entienda que los chicos se pueden salvar”, insiste.

Además del incremento de ciertas medidas de prevención, las marchas organizadas en Derqui contribuyeron al rápido esclarecimiento del crimen.

En la actualidad, uno de los acusados, de 17 años, fue hallado responsable y su pena se conocerá al cumplir la mayoría de edad. En tanto, otro de 19 años será juzgado en marzo y un menor de 16 (15 en el momento del hecho) se encuentra internado en un centro de rehabilitación de adicciones.

 

-¿Cómo es su vida hoy?

- El dolor lo tenés igual, tenés que aprender a bloquear muchas cosas en tu cerebro. Pienso que por ahí se va a abrir la puerta y va a venir, y si no lo bloqueás te partís al medio. Se te va rebanando el corazón todos los días.

 

-¿Qué siente por los asesinos?

- Van a tener la Ley Divina, Él va a juzgar y le va a dar lo que merezcan. Al principio tenés ganas de hacerles algo, pero después entendés que no sirve de nada porque mi señora no va a venir. Me arruinaron la vida para todo el viaje, vos planeas una vida, tener hijos con una persona. Te imaginás que te vas a morir con ella a los 80 años y decís por qué te la tienen que sacar.

 

-¿En algún momento perdió la fe a raíz de lo que pasó?

- No, nunca. El por qué te lo preguntás, es algo natural, pero creo que cuestionarlo a Dios no. Él sabrá. Si pasara todo lo que queremos, todos viviríamos eternamente. Vos ves la forma en que murió y no la hizo sufrir. No es que no existió Dios.

 

 

No estás sólo

por Ricardo Luis López*

Empecé a tener contacto directo con Walter a partir del hecho desgraciado de su señora. Fui a verlo a la casa una semana después y charlando me dijo que de ahora en más sólo esperaba el momento para irse con su mujer. En ese momento le dije: todo el mundo te dice contá conmigo y te da una palmada, pero yo no vengo a ofrecerte mi ayuda, vengo a pedirte que vos nos des una mano para que nunca más suceda una muerte.

Walter demostró una grandeza admirable. Ayudar a otro en una situación así es un acto muy grande.

Nos acompañó a mí y a mi hijo al Gran Premio Argentino Histórico que se corrió en el sur y el trabajo que hizo para que se conociera la causa de Sandra fue impresionante. Verdaderamente se puso la causa al hombro. Ahí recorrió escuelas, repartiendo útiles y zapatillas.

Walter es una persona sana, sencilla, de sentimientos muy nobles. No sé cuánta gente hubiera hecho lo mismo en esa situación. Dios le quitó a la mujer pero le dio una familia que ni él tiene idea de lo grande que es.

 

*Presidente de la Sociedad de Fomento del barrio La Alborada

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