A 20 AÑOS DE LA TRAGEDIA

“Todavía siento dolor y bronca”

Mauricio Donkin rescató a cuatro personas la fatídica noche del accidente de LAPA. Trabajaba como instructor de golf en el drive donde se prendió fuego el avión.

“Todavía siento dolor y bronca”

Se cumplieron ayer 20 años de una de las mayores tragedias aéreas que sufrió nuestro país. Eran las 20.53 del 31 de agosto de 1999 cuando el vuelo 3142 de Líneas Aéreas Privadas Argentinas (LAPA) con destino a Córdoba no llegó a levantar vuelo y continuó su carrera más allá de los límites del Aeroparque Jorge Newbery.
A pocos metros de ahí, en un drive, el instructor de golf pilarense Mauricio Donkin practicaba cuando, de pronto, comenzó a escuchar gritos ensordecedores y, al darse la vuelta, se encontró con un tumulto de gente que corría con desesperación. Escapaban del avión que, por la pérdida de combustible y el gas expedido por la rotura de la planta, se prendió fuego cobrándose la vida de 65 de las 103 personas a bordo, entre pasajeros y tripulación.
Esa fatídica noche, sin quererlo, Mauricio se convirtió en héroe cuando en lugar de escapar del avión corrió hacia él, y así logró salvar la vida de cuatro personas, que a 20 años todavía no encuentran palabras para agradecer su gesto de heroísmo.
Aunque por una cuestión de respeto hacia los familiares de las víctimas en los últimos años el instructor de golf evitó a hablar con los medios, ayer a la mañana en comunicación con el programa Aire de Sábado (FM Plaza 92.1) recordó, con profunda emoción, aquel lamentable momento.
“Fue algo muy triste y doloroso, que hoy elijo recordar desde el silencio por respeto a los familiares de la gente que murió. Lo que siento todavía es mucho dolor y bronca. Durante los primeros dos años después de la tragedia no pude dormir”, comenzó, sin poder esconder su voz quebrada.
Esa noche, tras una larga jornada laboral, Mauricio se encontraba practicando cuando recibió un llamado que, literalmente, le salvó la vida. “Había recibido una beca de la Asociación Argentina de Golf para estudiar la parte agronómica de las canchas y a la tarde daba clases. Pero como me habían dado un lugar para dormir y que no volviera todos los días a Pilar, por las noches aprovechaba para mejorar mi juego personal”, contó.
Y continuó: “Estaba en plena práctica cuando por cosas del destino, me llama otro pilarense que quería empezar a tomar clases, entonces tomé el teléfono y me fui caminando para el lado contrario de donde se prendió fuego el avión. Durante la charla no me di cuenta, uno está todos los días ahí y ya naturaliza determinados ruidos.  Pero de repente empiezo a ver que la gente corría desesperada y, en ese tumulto, me atropellan y se me cae el celular. Me doy vuelta y veo toda la llamarada”.
Casi sin pensarlo, Mauricio corrió hacia el avión envuelto en llamas, se metió y comenzó a rescatar gente. “Las veía que estaban atrapadas entre medio del fuego, fue algo terrible que todavía no puedo explicar. La cabina ya no existía y llegué a sacar a cuatro que estaban vivos y a varias personas ya fallecidas”, reveló.
Finalmente, culminó: “Mi vida cambió rotundamente. Fue la gente de la Sociedad Hebraica Argentina de Pilar (SHA), en donde trabajaba como caddy, que me ayudó a salir adelante. Había unas mujeres que eran psicólogas que estuvieron un año y medio para tratar de sacarme del estado de encierro para volver a integrarme”.

Reencuentro
Después de algún tiempo, las víctimas que Mauricio logró rescatar lo contactaron. Ese encuentro Mauricio decidió guardarlo solo para él, aunque sin lugar a dudas debe haber estado inundado por el agradecimiento, la emoción y el profundo dolor porque a 20 años, todavía no hay culpables. A 20 años, las heridas todavía no cicatrizan. 

 

“La cabina ya no existíay llegué a sacar a cuatro
que estaban vivos y a varias personas ya fallecidas”.

 

“Durante los primerosdos años después
de la tragedia no pude dormir”.

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