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Fascinante litoral

Por Nico Del Vecchio - Director Comercial - GBP Travel

Fascinante litoral

En la lista de viajes pendientes postergaba una y otra vez los Esteros del Iberá.

Postergaban la visita creencias propias y decenas de prejuicios, tales como: “toma una eternidad llegar”, “te comen los mosquitos”, “si llueve se corta el acceso”, “no hay buenos hoteles”... y más.

Investigando descubrí una manera diferente de visitar el destino: “Puerto Valle - Hotel de Esteros”. La antigua estancia del año 1868 transformada en “el lodge de lujo” de los Esteros no es un solo un hotel, sino una forma de viajar.

Desde Aeroparque embarqué rumbo a Posadas, y una hora y media más tarde estaba aterrizando. Como sólo llevaba carry on, en 5 minutos me recibía Vicky, guía y compañera de viaje en esta travesía. Conversamos unos minutos y, ya en viaje, estábamos pasando bajo la idílica galería de bambúes que da paso a la recepción del hotel. Nada librado al azar… la parquización estuvo a cargo del estudio Thays.

Metros delante, donde en otro tiempo fue el casco de la estancia, emerge la recepción frente al majestuoso Río Paraná. Al bajar de la camioneta, Pamela, anfitriona y apasionada cuidadora de cada huésped, recibía sonriente con un té riquísimo, un blend exclusivo creado por la famosa Inés Bertón.

Elegí alojarme en un cuarto Deluxe, y no me equivoqué, si bien la otra opción, en el sector “Casco” tiene mucho encanto, estas nuevas habitaciones tienen un estilo más contemporáneo: inmensas, con enormes ventanales y terraza al río, sábanas de algodón egipcio, baño tipo Spa y amenities de L’ Occitane… Qué más pedir?

Luego de un excelente almuerzo (gastronomía de la mano del chef ejecutivo de vasta experiencia,   Guido Tassi), ya estábamos navegando los canales del Río Paraná, y Vicky invitándonos a descubrir el mundo de los pájaros. Con binoculares en mano, y una guía apasionada con su trabajo y la naturaleza, descubrí infinidad de aves: jacanas, martines pescadores, carpinteros reales, jabirús, bandurrias, y más, muchas más.

Mágicamente llegamos a un deck en medio del río y sin darnos cuenta, Vicky tenía organizado un festín de sabores, sobre manteles de género y vajilla de cristal incluida, para que disfrutáramos el atardecer. También había montado una hamaca paraguaya y nos invitó, copa de vino en mano, a disfrutar del silencio y encanto del lugar.

Al regreso disfrutamos un risotto memorable, acompañado por un delicioso Barda Pinot Noir 2013, especial para el descanso en la fascinación del lugar.

A las 07:00am del día siguiente enfilamos rumbo al Portal Cambyretá, ingreso Norte al recientemente creado Parque Nacional Iberá: bañados, pastizales y bosques húmedos donde la vida estalla: carpinchos, yacarés, zorros y tímidos ciervos de los pantanos, todos conviviendo en uno de los pocos lugares desde donde es posible visitar los esteros en forma terrestre. La sorpresa llegaría al final de la excursión, ya que tuvimos la suerte de ver algunos de los fabulosos guacamayos rojos extintos, y ahora en proceso de reintroducción en la zona, momentos antes de que Vicky organizara un delicioso desayuno.

Luego de un asado memorable y una siesta reparadora, llegó el momento del highlight: la excursión a Laguna Valle, un acceso exclusivo a los esteros por vía acuática, en donde se siente la aventura a flor de piel: viento en la cara, ciervos que asomaban y partían a nuestra llegada, e inmutables yacarés conjugaban una experiencia que ya no estaba dentro del campo del entendimiento. La realidad superaba la ficción.

Millas delante, montado en el estero a modo de mirador, aguardaba otro deck. Era un nuevo atardecer, distinto y único junto a otra copa de exquisito vino. El cambio de colores en el cielo, teñía a los esteros de un rojo fuego, único, salvaje e indómito conjugando otra jornada fantástica.

Con el nuevo día fui junto a Uriel, también guía del lodge, a Las Ruinas Jesuíticas de San Ignacio, un legado de la humanidad que cuenta de manera palpable la grandiosa historia y diversidad de la región. 

Luego de un almuerzo final, se hizo hora de partir… y volver a casa, quizás demasiado rápido.

Dos horas después, ya en casa, y desde la ventana, me encontré el primer mosquito en días mientras miraba ese infinito Río de la Plata que surge del mismo Paraná que había disfrutado momentos atrás.

Los Esteros quedarán por siempre en mi corazón, con mitos y prejuicios derribados y la inmensa satisfacción de compartir esta experiencia con cada lector.

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