Percepciones

Por Esteban Eliaszevich.

Percepciones

Por Esteban Eliaszevich

Editor El Viajero

La temporada estival se avecina y con ella la posibilidad de recorrer diversos enclaves del territorio nacional.

El que comparto en esta edición lo visité varias veces, desde cuando no era turístico hasta hoy, y con su metamorfosis a cuestas y todo, me sigue deslumbrando.

Increíble que haya compatriotas que conozcan Miami o el Sudeste Asiático y no El Calafate y su PN Los Glaciares.

Miles de seres de todo el mundo vienen a comprobar con sus ojos el magnífico marco que regala su geografía.

Una joven pareja alemana, dos suizas robustas, cinco españoles charlatanes, cuatro italianos de Milán, una pareja porteña y otra cordobesa, diez japoneses cámara en mano, cinco israelíes gritones, cuatro chinos misteriosos, otros españoles más calmos, una pareja rusa enamorada junto a una familia mexicana, dos del Perú y otra chilena, fueron mis compañeros de ruta en el micro que nos llevó desde El Calafate hasta las pasarelas, en el Parque Nacional. Allí, como yo una vez más, quedaron absortos ante el poder que el Glaciar Perito Moreno emana.

Unos franceses curiosos, siete ingleses blanquecinos, cuatro japoneses demasiado abrigados, seis alemanes cerveza en mano, una familia brasilera, dos matrimonios catalanes, una familia mendocina, otra de provincia de Buenos Aires, más un grupo de amigos porteños, y quien escribe, navegamos el brazo Norte, observando paredes glaciarias. Todos alucinamos ante el panorama circundante.

Junto a una pareja italiana, dos parejas de holandeses, tres bellas brasileras, una familia de La Plata, y cuatro estadounidenses caminamos sobre el glaciar; una experiencia fascinante que solo se da en nuestro país. Brindamos con whisky celebrando tal acontecimiento.

Seis españoles que ya había visto, tres parejas japonesas, todas con cámaras en mano, dos alemanas tímidas, cuatro suizos equipados, unos franceses con viandas, ocho chinos con traje, sí, con traje en esta escenografía, cinco belgas bebiendo vinos, cuatros israelitas tranquilos, un grupo de jubilados españoles, veintena de norteamericanos, unos italianos alegres, más algunos compatriotas de todas las latitudes, coincidimos en la navegación que nos llevó por todos los glaciares. Quedamos perplejos ante lo que la naturaleza reveló. Sensaciones refrescantes por doquier.

Volví a encontrar a algunos de ellos por las calles de El Calafate, y con todos se repitieron los saludos cómplices. Nos unió la emoción de lo sublime y con los que no hablábamos la misma lengua, un idioma universal; la exclamación. Oh, ah, eh, uh, conformaron las palabras en torno al mismo fenómeno: los glaciares. Un gran regalo que nos legó la Creación y sitio de nuestro país que enaltece el alma.

Compartir con ustedes este tipo de lugares, fortalece nuestro vínculo.