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Riviera francesa: El buen vivir

La Costa Azul recrea con naturaleza, arte, y gastronomía. Eze Village, el Principado de Mónaco, Niza, Antibes-Juan Les Pins, y Cannes exponen lo mejor de su esencia.

Riviera francesa: El buen vivir

Por Esteban Eliaszevich

Situada a orillas del Mediterráneo, en el Sudeste francés, el departamento de Alpes Marítimos aporta múltiples expresiones conmovedoras.

Gran legado artístico traducido en museos, exposiciones y muestras; buena mesa con deliciosos platos regionales y naturaleza inspiradora, con mar, playa y montaña la distinguen.

Alojamiento y gastronomía en establecimientos Relais & Châteaux, potencia las estadías.

Destino top.

 

Entre el cielo y el Mediterráneo

La Riviera francesa lo tiene todo. De la naturaleza recibe sol, mar turquesa, acantilados, playas con bahías o calas, colinas, aromas cítricos y valles tupidos; su gente le aportó pueblos y ciudades, con influencias mediterráneas y provenzales, extraordinarias manifestaciones gastronómicas y culturales, y el lujo de yates, coches y tiendas de alta costura. Una combinación que la dota de esplendor.

Para gozarla en toda su dimensión, es ideal recorrerla por etapas; primero entre Niza y Mónaco, y luego, de Niza a Cannes.

Eze Village, pueblo medieval colgado en la montaña junto al mar, a medio camino entre Niza y Mónaco, propicia una dulce estancia y acerca numerosos atractivos alrededor.

Ubicada en la cima de un acantilado llamado Moyenne Corniche, la ciudadela presenta calles angostas bordeadas de casas arqueadas, en las que se encuentran numerosas tiendas de artistas y artesanos, bares, hoteles, restaurantes y, ya en la cumbre del pueblo, un Jardín Exótico, con esencias raras.

En dicho recinto, el Château de la Chèvre d’Or, una joya Relais & Châteaux desde 1954, agasaja a cada huésped con su belleza, tranquilidad y vistas impagables de Cap Ferrat y el Mar Mediterráneo.

El Château ofrece 36 habitaciones y suites, con vista al mar o las montañas, todas elegantes, con decoración clásica y suntuosos baños de mármol, que se diseminan en el corazón del pueblo. El complejo cuenta con piscina de agua caliente, jacuzzi al aire libre, solarium, gimnasio, sauna, baño turco y 4 restaurantes: La Chèvre d’Or (2 estrellas Michelin), Café del Jardín, Eden y Les Remparts, que son una maravilla culinaria. La calidad gastronómica de los restaurantes, la eficacia y hospitalidad del servicio, las habitaciones confortables y el contacto directo con el magnífico entorno hacen del Château de la Chèvre d’Or un lugar único, que roza la perfección.

Como Eze Village, un sitio espectacular que trasmite paz y armonía, con su marco del medioevo e impresionantes vistas al mar.

Muy bueno Eze, y lo que le sigue también, ya que entre el cielo y el Mediterráneo proponen una experiencia sensorial.

 

Desparraman glamour

Los enclaves cercanos a Eze, amplifican la belleza de la Costa Azul.

Junto al mar, bajando el camino predilecto de Nietzsche, invita a conocer Villefranche Sur Mer, pueblo bonito y colorido, y Saint Jean Cap Ferrat, localidad veraniega predilecta del jet set, donde abundan mansiones, segundas residencias, yates de gran porte y agradables calas.

A través de caminos de montaña, Eze conecta con Mónaco, a un lado, y Niza, al otro, que prestigian con su carácter la Riviera Francesa.

Mónaco, apretujado entre la montaña y el mar, fascina por su ostentación y audacia arquitectónica.

El palacio principesco, prestigiosos casinos, coqueto estadio de fútbol, tiendas de primeras marcas, rascacielos, ascensores públicos, autos de colección en todo momento y multitud de acontecimientos, como el Gran Premio de F1, configuran la imagen elitista del pequeño país independiente.

Su derroche de fastuosidad lo complementa con buenas playas, angostas la mayoría, y notables puntos de observación abiertos al mar. Mónaco amerita la visita.

Al Oeste de Eze aguarda Niza, la ciudad más grande de la Costa Azul.

Playas bañadas por mar turquesa a lo largo de la Bahía de los Ángeles; una elegante costanera llamada Paseo de Los Ingleses; un casco antiguo de calles estrechas y edificaciones con fachadas en tonos pastel; arquitectura barroca y de la Belle Époque; mercaditos variados; ruinas romanas; termas del siglo II y museos dedicados a Matisse y Chagall, identifican esta agradable urbe.

La Plaza Massena, el Palacio de la Prefectura, la Opera, el Casino Mediterráneo, el Castillo de las colinas del Monte Boron, el Palacio Negresco, La Iglesia Ortodoxa Rusa, y el barrio Cimiez, que se conserva desde la época romana, también deben visitarse. Niza es un emblema de la Costa Azul.

La Riviera hasta aquí seduce por estética, refinamiento, cultura y, siempre, alta cocina, ya que su culinaria desprende mil sabores.

Superadas expectativas, es hora de recorrer el segundo tramo por la región, con Cap d’Antibes como epicentro, donde más sitios bonitos y relajantes, localizados entre Niza y Cannes, distinguen por tanto glamour a la Riviera Francesa.

Lugares maravillosos

Cap d’Antibes es hermoso. Por naturaleza, historia, arte y animación.

El hotel boutique Cap d´Antibes Beach, establecimiento Relais & Châteaux, auténtica joya de la arquitectura contemporánea, maximiza la estadía en la zona.

Situado en la península, hogar de residencias, palacios y villas veraniegas, su construcción de líneas depuradas se funde a la perfección con la frescura de la vegetación del jardín, el mar y su playa privada de arena fina.

La moderna decoración de las amplias y confortables 27 habitaciones y suites, son otro detalle saliente de los elementos que componen este emplazamiento extraordinario.

El spa y los restaurantes gastronómicos incrementan su magia, ya que se abren al mar ofreciendo un panorama delicioso, enmarcado por las islas de Lérins y el macizo del Esterel. El Cap d’ Antibes Beach Hotel aporta relax y cómodo acceso a atracciones aledañas como Juan Les Pins y la vieja Antibes, ubicadas en ambos márgenes de entrada a la península, hacia Oeste y Este respectivamente.

Juan Les Pins es un animado centro turístico que cobra vida de noche, con gran cantidad de bares, cafés, discos y casinos. Agradan sus playas y un añejo bosque de pinos.

Antibes, fundada por etruscos, fenicios y griegos, impacta por su costanera decorada con obras maestras, y el casco antiguo, guarecido de murallas y bastiones.

De aires provenzales, en su interior resaltan plazas secas; un castillo medieval transformado en museo dedicado a Picasso, quien vivió allí en 1946; su catedral; las calles peatonales; mercados de todo tipo, aunque sobresalen los de anticuarios; bares, restaurantes y museos, como el arqueológico o el de Napoleón. Alucinante.

Antibes-Juan les Pins y kilómetros de mar y playas doradas alrededor, con paradisíacas calas o amplias bahías, fundamentan porqué Cap d’Antibes es genial.

El periplo puede cerrar en Cannes, conocida por su festival de cine, costanera, playas, discotecas, la rue Meynadier -una calle de ambiente cosmopolita-, el Palacio del Festival y la Croisette; o bien navegando islas de ensueño: Lérins, un islote tranquilo, y la playa de San Honorato, con impresionante monasterio gótico.

En toda su extensión, la Costa Azul, repleta de estilo, suministra escenarios soberbios y múltiples opciones para pasar momentos memorables.

Es un elogio a la buena vida; virtud que la privilegia como destino de excepción.

 

Hoja de ruta

Aéreo: Buenos Aires-París, Air Europa (www.aireuropa.com); París-Niza, Easy Jet (www.easyjet.com).

Alojamiento: Eze Village; Château de la Chèvre d’Or (www.chevredor.com).

Antibes; Cap d’Antibes Beach Hotel (www.ca-beachhotel.com).

Informes y reservas Relais & Châteaux (rc-latinoamerica@relaischateaux.com)

Tel: 0114326-3861/4328-4647.

Dónde comer: Eze Village, Restaurant Gourmet La Chêvre d’Or y Restaurant Eden (www.chevredor.com); Colette Café (Place de la Colette).

Mónaco, Restaurant Elsa, Avenue Princesse Grace; Monte Carlo Beach Hotel (www.montecarloresort.com); Cap d’Antibes, Restaurant Le Cap y Restaurant Les Pêcheurs; Cap d’ Antibes Beach Hotel (www.ca-beachhotel.com); Le Pavillon; Hotel Imperial Garoupe (www.imperial-garoupe.com).

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