Por Esteban Eliaszevich

Percepciones

Por Esteban Eliaszevich

Percepciones

Soy de los que visita un destino turístico y se toma un buen tiempo para volver a recorrerlo. Si vuelvo.

Puerto Iguazú es la excepción a la regla. Cada oportunidad que se me presenta para ir, voy.

Me atrae su naturaleza, gentil aporte de paz y armonía y el mundo aparte que aporta junto a la Triple Frontera. Son destinos bien diferenciados. A saber: Puerto Iguazú aún conserva tranquilidad y esencia de pueblo; Foz de Iguazú es toda una urbe de edificios altos, con más de 250000 habitantes y regala otra cara interesante de las Cataratas y Ciudad del Este, refleja una ciudad bulliciosa y febrilmente mercantil. Y sobre esta última voy a explayarme a continuación. Para recorrerla recomiendo ir bien temprano por la mañana, para conocerla en esencia.

A pasos del hotel donde me alojo en cada estadía en Puerto Iguazú y pasando el Duty Free Shop Iguazú, buen lugar para comprar, surge el puente internacional Tancredo Neves. Allí tomé mi taxi, tras los papeleos fronterizos, formalidad burocrática encargada de mostrar la línea divisoria entre Argentina y Brasil, para visitar nuevamente Ciudad del Este, en Paraguay y ver si encontraba algo interesante para comprar. Al taxista que me condujo, un regordete de cara ancha y bigotes prolijos, le comenté el cambio que había notado a simple vista en Puerto Iguazú encontrándolo repleto de vida, imagen contraria a la que había tenido varios años antes, donde me sentí en un pueblo fantasma.

Me contó los cambios que ocasiono el turismo y también los beneficios y problemas que ello originó. Mientras lo escuchaba, miraba con atención el semáforo: en esta parte de Brasil, el verde y el rojo se suceden de manera particular, ya que la señal lumínica va en forma descendente escalonada, en cinco pasos. En eso estaba, cuando el conductor detuvo el auto aledaño a la frontera y sugirió que cruzara a Ciudad del Este a pie para ahorrar tiempo, y dinero.

Ante mis ojos se alargaba el Puente de la Amistad, paso que une Brasil a Paraguay y mi tercer país en menos de cuarenta y cinco minutos. Atravesarlo a pie demanda entre 15 y 20 minutos y al cruzarlo se observa de un lado y otro como se suceden camiones de gran porte, autos de todo tipo, bicicletas, motos taxi, changarines y millares de peatones acarreando pesados bultos. Cada tanto se observa algún tumulto; pelea por un pasajero, por la paga de la carga o por gente que se trepa en la cola de los camiones, para cruzar más rápido.

Ciudad del Este, a primera vista, presenta un entramado de edificios de todo tipo de alturas a orillas del Río Paraná y puestos en la calle donde ofrecen todo tipo de mercadería mal exhibida, auténtica y de la otra. Luce caótica, atestada y repleta de gente que compra y vende.

Sobre la calle principal hay shoppings (sobresale Mona Lisa) y locales dedicados a la comercialización de telefonía de celular, electrónica, informática y todos sus accesorios y derivados, ropa, perfumes, cosméticos y bebidas alcohólicas. Se encuentran en los negocios que se multiplican en los rudimentarios edificios y las eclécticas galerías y venden productos a buenos precios.

Las tiendas suelen ser atendidas por chicas de formas sensuales, pulposas y sugerentes y en los pasillos de las galerías y las tiendas se parapetan custodios, armados con temibles escopetas, fusiles y armamento de todo tipo. Atemorizan.

Las calles laterales aparecen atestadas de tráfico humano y vehicular. Hay gente preparando grandes bultos de mercadería, enormes cajas que se estiban y vuelan por los

aires, despachantes, dependientes y un movimiento consumista, similar al del barrio del Once, en sus buenas épocas

Los comerciantes, además, aportan un lado cosmopolita. Hay árabes por doquier, asiáticos que venden todo tipo de baratijas y nativos dedicados a atender puestos callejeros y deambular por las veredas calcinantes ofreciendo sus productos.

Al cabo de unas horas crucé el puente de la Amistad. Caminé hasta el autobús que decía Argentina con una valija nueva, algunas chucherías y algo más para contar.

Ciudad del Este es un caos aprovechable y otra arista que clarifica porque atrae visitar Puerto Iguazú, y todo lo que lo rodea ya que altera percepciones. Y esa es la meta de todo buen viaje.