Peligra fuente de ingreso de 100 familias por el posible cierre de una feria
Con más de 100 puestos, El Viejo Corralón es la única feria de su tipo en Pilar.
Más de cien familias corren riesgo de quedarse en el corto plazo sin su fuente de sustento si es que prospera una acción judicial que enfrenta el propietario del predio donde funciona desde hace varios años la feria interna El Viejo Corralón, ubicada en Fermín Gamboa al 500, del centro de Pilar.
Es que, por estas horas, un conflicto familiar que se dirime en el ámbito de la Justicia podría desencadenar que los locatarios del centenar de puestos comerciales que funcionan en el lugar sean desalojados sin que exista hasta el momento posibilidad de relocalización.
Cabe destacar que el emprendimiento local levantó polémica en varias oportunidades debido a que las cámaras de comercio a nivel local y provincial cuestionaron su funcionamiento aduciendo que este tipo de complejos, denominados comúnmente como saladitas -debido a que emulan a la feria La Salada de Lomas de Zamora-, constituyen una competencia desleal para los negocios de los alrededores a raíz de que pueden obtener menores costos y cobrar mejores precios de venta de la mercadería como consecuencia de que enfrentan una menor carga tributaria o incumplen las obligaciones fiscales.
Otra de las críticas que recibe este tipo de ferias tiene que ver con que en sus puestos es común ver expuestas prendas de indumentaria y calzado con marcas falsificadas y copias apócrifas de CD’s y DVD’s. Sin embargo, tras reiterados controles efectuados por organismos gubernamentales, estos delitos parecen haber sido desterrados, al menos del establecimiento comercial de Fermín Gamboa al 500.
Según le explicó a El Diario ayer por la tarde Rubén, el encargado de El Viejo Corralón, existe un conflicto judicial aún sin resolución que pone en peligro la continuidad de la feria. “La verdad que si tiene que cerrar la feria se va a dar una situación más que complicada para las al menos 100 familias que viven de los puestos aquí instalados”, sostuvo.
Negocio polémico
“El Viejo Corralón”, situado en Fermín Gamboa entre Rivadavia e Ituzaingó –que corre peligro de cierre, es el principal exponente local de ese fenómeno denominado las “saladitas”, que consiste en ferias instaladas en galpones y complejos reciclados que -casi como una sucursal de la casa matriz lomense- comercializan los productos que, sin grandes controles fiscales, se venden en La Salada.
La “saladita” de Pilar cuenta con casi 100 puestos que carecen de habilitación para funcionar y que no entregan facturas ni tributan en concepto de ingresos brutos. Sin embargo, para poder operar, los locatarios de los locales pagan al administrador del establecimiento sumas que varían entre los 1.000 y los 2.500 pesos, según la ubicación del puesto y dedica la actividad a la que se dedique. Estos montos mantienen relación con las ventas de esta feria.
Polémica
Marcas truchas y menos impuestos
Muchos de los comercios informales al estilo de la Saladita, ofrecían hasta hace no mucho tiempo prendas con marcas adulteradas, que costaban una tercera parte que los productos originales en algunos casos. La diferencia de precios con relación a los comercios tradicionales es notoria.
Por estos argumentos, las ferias como El Viejo Corralón son tildadas de ilegales por los comerciantes convencionales y por las entidades que los nuclean.
Esta diferencia se explica por el no pago de IVA, Ingresos Brutos, o cargas sociales, sostienen desde la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME). “No pagar ningún impuesto les permite hacer descuentos de hasta un 50%”, señalaron desde la entidad en reiteradas ocasiones.
Desde los mismos establecimientos se defienden diciendo que la mayoría de las ferias tiene habilitación legal y que la gente los elige no sólo para comprar, sino también para tener su negocio. En ese sentido, resaltan que mientras poner en marcha un comercio demanda más de 30 mil pesos sólo para arrancar, en las ferias se puede hacer por 4 mil pesos.