Por la inflación, el dinero quema y se transforma en ladrillos

Con un dólar estable en un contexto de suba de precios, las inversiones en tierra y en inmuebles son las elegidas para preservar los ahorros. Y para obtener algún grado de rentabilidad.

11 de abril de 2010 - 00:00

El alquiler de locales comerciales ofrece buena rentabilidad.

 

 

Los índices crecientes de inflación real parecen haber modificado la forma de preservar los ahorros. Porque, mientras hasta hace algunos años atrás era el dólar una de las inversiones preferidas para resguardar el valor del dinero, hoy, en un contexto de suba de precios y de divisa norteamericana estable, la plata quema y se transforma en tierra o en ladrillos.

Al menos así lo señalan algunos de los principales referentes del mercado inmobiliario en Pilar, quienes sostienen que, paradójicamente, el proceso inflacionario que atraviesa la Argentina se ha convertido en un motor para dinamizar las ventas en ese sector durante el primer trimestre del año.

“Esto comenzó a insinuarse desde fines del año pasado y en nuestro caso particular incidió mucho en la venta de dúplex y departamentos desde el pozo o sin terminar, y también de locales comerciales. Lo que busca el inversor es comprar barato y siempre pensando en una inversión para obtener una renta o resguardar ahorros ante el avance de la inflación”, explicó Pablo Martignone, de Martignone Propiedades.

Si bien nadie se anima todavía a hablar de porcentajes, la mayoría de los operadores del rubro consultados por El Diario coincide en que esta tendencia generó que las ventas y las consultas se incrementaran a lo largo del período enero marzo del 2010.

“A esta altura ya podemos decir que este trimestre ha sido mejor que el primero del 2009, pero esa mejoría se hizo mucho más notoria desde mediados de febrero, se profundizó en marzo y se mantiene en lo que va de abril”, agregó el martillero.

 

Dptos, tierra y locales

En cuanto al destino de las inversiones, la torta se raparte en tres porciones. La más sustanciosa apunta a la compra de pequeñas unidades residenciales orientadas al alquiler para obtener algún grado de rentabilidad. En segundo lugar se ubica la compra de terrenos a bajo precio, en zonas donde la perspectiva de desarrollo futuro haga pensar en una mayor valorización de la tierra.

En tercer término, y en una menor magnitud, los capitales se vuelcan a la compra o construcción de locales comerciales que, si bien otorgan un mayor margen de rentabilidad a la hora de ser alquilados, también demandan un volumen más alto de inversión.

Una de las razones que motivan esta forma de orientar los ahorros radica en el hecho de que en el mercado pueden conseguirse pequeños departamentos de uno o dos ambientes terminados a un valor que ronda los 50 o 55 mil dólares, mientras que un local comercial, para que otorgue una renta interesante, no baja de los 150 mil, señalan los martilleros.

“Hoy la gente viene y nos consulta a nosotros como si fuéramos un banco. Vienen, nos dicen tengo tanto dinero y nos consultan a qué propiedad pueden acceder. Hoy el dólar está quieto y entonces, frente a la inflación, el que tiene dinero efectivo lo transforma en ladrillos; la construcción es un resguardo fabuloso para preservar valor”, sostuvo Horacio Ferreccio, de Serrano Ferreccio Propiedades.

A su vez, la empresaria de bienes raíces Haydée Burgueño, titular de la inmobiliaria homónima, coincidió con el diagnóstico de sus colegas al sostener que el mercado se muestra revitalizado gracias a inversores que se ven impulsados a emprender desarrollos antes de que su capital, expresado tanto en dólares como en pesos, pierda valor ante el avance de la corriente inflacionaria. 

“Se nota claramente una reactivación pero ligada casi exclusivamente a los inversores. Esas inversiones apuntan a viviendas pequeñas que generen una buena renta, a locales comerciales muy bien ubicados, o a lotes de tierra baratos que tengan perspectiva a futuro de aumentar su valor”, señaló Burgueño.

 

 

Corralones, también en alza

 

La inflación, ese cuco que pone en jaque el bolsillo de los consumidores, parece generar también un efecto positivo, al menos en los corralones. Porque algunos de los principales referentes de ese rubro en el distrito señalan que las expectativas inflacionarias que existen de cara a los próximos meses hacen que el inversor vuelque dinero al mercado de la construcción para tratar de evitar que ese capital –tanto en pesos como en dólares- pierda valor.

Es por eso que los dueños de los corralones estiman que la suba en las ventas que empezó a evidenciarse durante el primer trimestre del año se profundice con el correr de los meses, pero siempre atada a las obras encaradas por inversores o ahorristas y no a las que demandan los trabajadores asalariados para, por ejemplo, acceder a su primera vivienda, o ampliar o refaccionar su casa.

Es que el que percibe un sueldo estándar, para pensar en construir, depende casi ineludiblemente de algún mecanismo de financiamiento de los que escasean hoy en el mercado. En cambio, el que dispone del efectivo guardado ve a los ladrillos como casi el único refugio para no perder valor.

 

 

 

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