Soy Mano

Barro Soy

domingo, 4 de abril de 2021 · 08:18


Por Víctor Koprivsek 


No había cámaras digitales ni celulares grabando. Ni siquiera existía la energía eléctrica. 

En la oscuridad del desierto solo hay luna y estrellas.

Faltaba todo. Eran puras rocas y piedras desiguales en la estepa del camino. Y silencio de harapos en la mirada temblorosa.

Pero la noticia sigue viva.

En este tiempo donde todo parece tan efímero todavía se habla de aquello.

No hubo una radio cerca, una antena, no existía internet. Nada de algoritmos devorando ansiedades. Solo una vida que nació entre las bestias, una vela con su llamita vibrante arropada por el calor de los cuerpos de los animales de trabajo, latiendo entre ellos en mitad de la noche oscura iluminada apenas por la luna.

No existe persona alguna o hecho histórico tan conocido y nombrado.

Es la gran primicia que se repite desde entonces, como una novedad.

El nacimiento de un niño envuelto en una tela y recostado en un pesebre “porque no había lugar para ellos en el mesón”.
Su mensaje achicó distancias y puso blanco sobre negro. Con el diario del lunes es fácil observar el recorrido de los acontecimientos.

Celebrado y victorioso fue recibido por laureles y aplausos cuando entró a la Fiesta de Pascua montado en un burro. Y la inseguridad de los poderosos se agitó.

¿Acaso hay algo más peligroso para los soberbios que la humildad?

La perversión de los privilegios se arremolinó rápido en la mente de los ambiciosos. Así fue como la cara de la moneda lo crucificó, convencidos de su muerte.

Pero ese muerto no deja de resucitar.

Ante cada tormenta, ante el dolor de la pérdida, el vacío del final inminente, en la desgarradura de la herida, en el dolor de un ser querido; hasta el más fuerte se arrodilla y le implora.

¿Tan difícil es sonreír en este domingo de Pascua?

La esperanza es vida, amigo. 

En la Fe restauradora, en la gratitud y el perdón, en la esperanza de justicia, en los ojos de tus hijos e hijas y nietos, en las plegarias de tus padres, en el infinito cielo y la infinita noche, sigue resucitando aquel niño que nació en la oscuridad. 

“Dios es muy simple y nos ama tal cual somos si buscamos de él. Sólo nos tenemos que dejar moldear”, me escribió mi hermano Seba.

Barro soy. Felices Pascuas.
 

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