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Soy mano

Todavía

Por Chino Méndez
Por Redacción Pilar a Diario 8 de febrero de 2020 - 00:00

En medio de lo que aún no has podido saldar. Agrietado por este recorrido largo, cruzando calles con tu cruz al hombro. Partido y por la mitad de lo que algún un día, tal vez, fuiste. Estás buscando tus todavías en espejos opacos, para que te devuelvan algún destello de vos mismo. 
Adentro, bien adentro, te reconoces? Qué es lo que queda todavía?
A veces vamos al encuentro de esa llama que encienda el saldo que pide incendio de modo urgente. Y no resulta fácil, pero es probable que todavía exista ese fuego obstinado ante aquello que tercamente resiste y no se resigna ante el que, quizás, sea su destino de ceniza. Y así andamos, acaso, juntando ramitas. Y aquí volvemos, frente al espejo a preguntarnos cuánto falta.
Entre lo que se debe calcinar y lo que se puede recobrar, todavía están ellos. Amigos, hijos, familia…  Y vos. Aunque haya momentos en los que no te reconocés, siempre hay miradas que sí descifran aquello que intentás ocultar o creías olvidado. Posiblemente esa mirada que te saca la ficha sea el comienzo de alguna respuesta que todavía no te animás a buscar. Porque ni  hasta el más ciego se escapa del espejo. Jamás vas a zafar de vos. Nunca vas a poder  recorrer tu camino en paz sino te mirás de verdad. Y si cometés la boludez de escaparte para solamente transcurrir, ya no tendrás ni un solo todavía, más que tu simple permanencia.
Aún hay niños llorando dentro de hombres robustos y se esconden las dudas tras el maquillaje de una bella mujer. Resabios de un amor intentan brotar bajo las uñas del rencor, todavía.
Y mientras los relojes y almanaques se mezclan y se entrechocan en la íntima parcela de tu pecho, todavía la vida merece ser vivida, algunas veces, hasta con cierto disimulo o desenfado. Y a la vez, sabés que es preferible esta tormenta, a permanecer en apariencia intacta y sin cicatrices. Quizás la arena de esta etapa parezca convertida en piedra y le cueste bajar por la parte fina del vidrio, pero todo pasa y vas a estar bien. El perfil de la noche irá perdiendo su espesura, atropellada por los rayos de un día nuevo.
Y una madrugada, quizás escribiendo una nota, caigas en la cuenta de que aún el futuro es una esperanza, y ella está en tu haber. Aunque le debas a tu boca el beso de alguien, con dulce intensidad. Allá vamos, jugando a los equilibristas sobre puntos suspensivos, sacando peso del equipaje. Yo, por ejemplo,  tarareando a Cafrune…
“a un costado del olvido, mis sueños madurarán. Reventando en luz, florecidos. Cuando llegue el alba viviré, viviré”
Qué?  Aquel todavía no la conocés? 
Cómo? Vos todavía te la recordás?
 

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