Por Víctor Koprivsek
Nafta
Hace un año que el tren San Martín no llega a Retiro. Nada menos que 365 días que achicaron su recorrido y silenciosamente se fue quedando en Villa del Parque.
Desde ahí la gente se tiene que mover en colectivos hasta sus respectivos destinos con la promesa de un nuevo mundo.
Hermosa promesa para soportar horas y horas de traslados caóticos y malestar en el arranque del día laboral que, por cierto, a quién le importa ¿no?
Me refiero al adormecimiento del que arrastra siete veces su peso como hormiguita para poder llevar un plato de comida a la mesa de su familia sin ninguna garantía de llegar a fin de mes, o ¿acaso va todo bien con la economía?
–Shhhhhh… de eso no se habla, carajo. Cállese la boca o le mandamos un D´Alessio.
Es duro que te falte el sushi, nadie dice que no. Pero más duro es el suicidio adolescente que en los últimos años creció tristemente convirtiéndose en una de las primeras causas de muerte de los jóvenes de nuestro país (cada dos, uno es pobre).
Y entiendo que te moleste lo que pasa en Venezuela, que te irrites y discutas acaloradamente mientras te tomás el cafecito con el Clarín en la mano al costado de la Panamericana, pero viste que el otro día se llovió todo, bueno, justo me crucé con un tipo que tenía el bolsito al hombro y estaba cabizbajo, vecino de Del Viso el hombre, y resulta que cambiaron también hace un año, qué coincidencia, la estación del Belgrano, la cambiaron de lugar con otra hermosa promesa. Y ahora está en el medio del descampado y no tiene un techito donde guarecer el alma, son unos andenes de andamios donde el viento les da de frente y de costado y de atrás. También la lluvia, imaginate.
Juan llega temprano, tipo cinco, todos los días. Es lindo el amanecer entre los álamos del barrio con sus tonos anaranjados que iluminan el verde mientras la formación avanza y el calor humano va empañando la ventana y te juro, pibe, te juro, que a veces miro y me voy lejos.
–Si gana la chorra, me voy –dice la vieja.
Qué violento se puso todo ¿no? Encima Carrió anda con un bidón de nafta recorriendo las provincias.
Iba a pedir disculpas por la falta de metáforas, pero el otro día fui a cargar 10 litros de poesía al auto y no aceptaban tarjetas.