Hoy el día se vistió de otoño y me gusta.
Hoy la nostalgia de otros otoños me abrazó fuerte y aunque me sacudí para alejarla, vino para quedarse, al menos por un largo rato.
Una lluvia pertinaz acaricia los vidrios de mi ventana, apuro el café de la mañana dispuesta a disfrutar de esa postal amarillenta de hojas caídas y charcos espejados.
Es tiempo de lluvia, pensé y enseguida una vieja canción de Joan Manuel Serrat se atropelló en mi memoria:
“De la noche a la mañana
llega junto a la ventana
con su frío aliento otoñal
y se acuna en el cristal
en un suave baile
entre los brazos del aire.
Es tiempo de lluvia…
Sin saber cómo
de gris la casa se vistió,
como el plomo
el día amaneció.
Es tiempo de lluvias,
tiempo de amarse a media voz,
de oír de nuevo el tic-tac del reloj.
Es tiempo de lluvias.
De vivir de beso en beso
entre paredes de yeso
y dejar los días correr
sin mañana y sin ayer
porque no se acaba
ni mi amor, ni mi amada.
Sin saber cómo
de gris la casa se vistió,
como el plomo
el día amaneció.
Es tiempo de lluvias,
tiempo de amarse a media voz,
de oír de nuevo el tic-tac del reloj.
Es tiempo de lluvias.
Acércate,
ven y siéntate.”
Bendigo la poesía del catalán que siempre acompaña mi vida y al agua que tanta falta hacía por estos pagos.
Pero a pesar de ese sentir amoroso ante los ocres del otoño, no puedo dejar de pensar en las provincias donde las lluvias y las inundaciones condenan a pueblos enteros a más hambre y más miseria. Y en la poca difusión que se le da a esta dramática situación en los grandes medios, ajenos a lo que sucede por fuera de sus intereses y mucho más si eso pasa a kilómetros del Obelisco y no trae rédito a sus bolsillos. Ojalá pase pronto y el sol vuelva a brillar, en todas sus formas, para quien lo necesite, y que rápidamente llegue la ayuda necesaria pues nuestros hermanos no pueden esperar ni un día más.
Mientras tanto, y volviendo al principio, hoy para mí, la lluvia sirve para… resucitar fotos amarillentas, estrujar recuerdos, tallar un cuerpo, identificar un rostro, liberar sus manos, encandilar sus ojos, incendiar el tiempo hasta volverlo eterno, amordazar silencios hasta decir Amén.