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Soy mano

“Y las tinieblas no han podido extinguirla”

Por Víctor Koprivsek
Por Redacción Pilar a Diario 20 de abril de 2019 - 00:00

En casi 20 años de Soy Mano, es la primera vez que voy a escribir sobre Jesús. El Cristo replicado en mil remeras y estampitas y figuras de yeso o de madera o de metal. Pero también grabado a fuego en corazones.
Mientras escribo, por la ventana puedo ver los tonos naranjas atrás de los árboles de la cuadra y el cielo pronto que se llena de un rosado tenue. Al acontecer el sol en esta madrugada de Viernes Santo, su luz ilumina todo Derqui y despierta a los pájaros que enseguida empiezan a trinar.
Se despabilan rápido. No así los hombres.
¿Por qué amaron a Jesús y por qué lo odiaron?
Para sus amigos, que después conoceríamos como discípulos, él era el Verbo (con mayúscula). Los israelitas poderosos en cambio, vecinos del lugar junto con los romanos, decidieron azotarlo, torturarlo y finalmente clavarlo en sus manos y pies a dos maderos cruzados. Crucificándolo.
Y esto sucedió a la vista de todos como un gran circo miserable y colosal lleno de cómplices. Una historia indigna ejecutada por gente alienada, calculo yo, estúpida y obsesiva por el poder y la guita (me refiero a los poderosos de entonces “cua”).
La cuestión es que después fueron los mismos romanos los que tomaron su nombre como bandera y alzaron una iglesia en el Vaticano. Y en Jerusalén, donde pasó todo, miles y millones de personas dejan sus ahorros para conocer los lugares por donde anduvo Jesús.
Ese hijo de Dios que partió el tiempo en dos (antes de Cristo y después de Cristo), cuyas vivencias y enseñanzas están guardadas en un libro llamado la Biblia y que invitó a cada ser humano a amar a su prójimo como a sí mismo.
En su agonía, estaqueado en la cruz, levantó la vista al cielo para decir: -Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.
Yo lo encontré dos mil años después, un día cuando andaba con el corazón hecho un pedazo de mierda, todo roto y lleno de angustia, no hace mucho, y desde entonces lo escucho en el consejo de un amigo, lo veo en la risa de mis hijos, lo abrazo cuando abrazo a mis padres, sonríe cuando tiendo la mano al que necesita y está a mi lado en las malas.
Cómo no lo voy a amar si siempre manda un ángel para que cuide a mi familia.
Para mi está vivo. Camina entre nosotros y venció a la muerte.
 

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