Escribir en circunstancias como las que se viven por estas semanas, hace que un hecho que para mí es muy feliz, se convierta en un esfuerzo tremendo. Hay días en que es imposible construir un texto desde la belleza, diría que es casi una utopía. Simplemente levantar la vista, mirar y ver lo que nos rodea, hace difícil hilvanar algunas palabras al menos esperanzadoras.
En el ámbito local, más allá de la coyuntura económica que nos golpea a todos cada vez con más fuerza, dos episodios que tienen que ver con la comunidad educativa conmueven a buena parte de los vecinos. El cierre de una carrera en el Instituto del Profesorado Nº 51, del que egresó la mayoría de los trabajadores de la educación de este distrito, la resistencia de los estudiantes y la persecución hacia ellos por parte de las insensibles autoridades junto a las “fuerzas de seguridad” hacen que una piense en los peores momentos de nuestra historia. Y qué paradoja que justamente la carrera en cuestión sea el profesorado de Historia. Sin palabras…
El otro tema local es la venta del predio del Instituto Carlos Pellegrini, escuela-hogar que supo ser un modelo en el país, con la biblioteca ya incendiada de Pellegrini, junto a buena parte de las instalaciones y hasta un busto de la escultora Lola Mora. Y sí para esta “gente”, como les gusta decir, negocios son negocios, y están muy por encima de la historia y la significación que tiene para tantos. Otra paradoja o mejor dicho coincidencia que el predio tuvo su principal deterioro y destrucción en los 90. Sin palabras…
Y lo otro que me conmovió es lo sucedido en Tucumán con la niña de 11 años, sí la niña, obligada a parir tras una violación… Sin palabras…
Solo puedo compartir el comunicado del Dr. Leandro Cahn de la Fundación Huésped: “Obligar a continuar con un embarazo producto de una violación a una niña de 11 años es tortura. Forzar a sostener el embarazo a una niña que quiere interrumpirlo es tortura. Demorar la práctica para usarla de incubadora es tortura. Hablar en los medios de comunicación acerca de la supuesta voluntad de la niña de continuar con el embarazo es mentir para justificar la tortura. Judicializar un caso como éste, que cumple con todas las causales presentes en el Código Penal desde 1921 para que la interrupción del embarazo sea legal, es tortura. Declararse objetor de conciencia adentro del quirófano, con todo listo para interrumpir el embarazo, es tortura. Pedir, amparándose en la religión, que no se cumplan las leyes vigentes, es tortura. Revelar el nombre de la niña víctima es violar sus derechos y contribuir a la tortura.”
Sin palabras
Por Graciela Labale