Estas últimas semanas las vivimos con los dientes apretados. Nuestra gente, la de la Latinoamérica morena, india, mestiza, blanca, nuestros pueblos sufrientes, padecientes de todas las injusticias y desigualdades posibles y de la mayor de las violencias que es el hambre, salieron a las calles. Ecuador primero y Chile después, el Chile del modelo a seguir para tantos iluminados, mostraron la otra cara de la moneda. Tarifas impagables, sueldos y jubilaciones miserables, desocupación, trabajo precarizado, extrema pobreza, hambre y desnutrición, atención de la salud deficiente, educación de calidad sólo para los que pueden pagarla. Y la riqueza eternamente en manos de unos pocos, siempre los mismos. Y la represión, con estado de sitio y toque de queda incluidos, haciendo lo que el norte manda.
Santiago volvió a tener las calles ensangrentadas y, esta vez, no por orden de un dictador sino por la de un presidente elegido por los ciudadanos.
Y por casa, ¿cómo andamos?
Ojalá pronto, muy pronto vuelvan a brillar las alamedas, las grandes avenidas y que nos devuelvan la dignidad a los más postergados del sur del mundo. La palabra de don Pablo Neruda resuena. Latinoamérica, la que se alza en las calles y en las urnas, muestra que Latinoamérica sueña, Latinoamérica lucha, Latinoamérica vive!
Latinoamérica alzada
LOS ENEMIGOS*
Ellos aquí trajeron los fusiles repletos de pólvora, ellos mandaron el acerbo exterminio, ellos aquí encontraron un pueblo que cantaba, un pueblo por deber y por amor reunido, y la delgada niña cayó con su bandera, y el joven sonriente rodó a su lado herido, y el estupor del pueblo vio caer a los muertoscon furia y con dolor.
Entonces, en el sitio donde cayeron los asesinados, bajaron las banderas a empaparse de sangre para alzarse de nuevo frente a los asesinos.
Por esos muertos, nuestros muertos, pido castigo. Para los que de sangre salpicaron la patria, pido castigo.
Para el verdugo que mandó esta muerte, pido castigo.
Para el traidor que ascendió sobre el crimen, pido castigo.
Para el que dio la orden de agonía, pido castigo.
Para los que defendieron este crimen, pido castigo.
No quiero que me den la mano empapada con nuestra sangre. Pido castigo.
No los quiero de embajadores, tampoco en su casa tranquilos, los quiero ver aquí juzgados en esta plaza, en este sitio. Quiero castigo.
*Pablo Neruda