Por Graciela Labale
“Porque los pobres no tienen”*
Hace una semanita nomás pude presenciar uno de los más profundos y sentidos shows de todos los que, siempre con igual excelencia, disfruto en mi otra casa, “La Tucumanita Pilar”. Como cada año, el homenaje a la madre cantora es imperdible pero esta vez tuvo un gran valor agregado.
“Violetas para Mercedes” resumió lo mejor de lo mejor de esas dos tremendas mujeres de la Matria Latinoamericana: Violeta Parra, a 102 años de su nacimiento, y Mercedes Sosa a 10 de su “gira celestial”.
Quizá esta vez, por todo lo que me/nos toca vivir tan de cerca tuvo un sabor y un dolor especial. Los textos de “la Violeta”, poeta, artista plástica, tejedora y cantora chilena que decidió quitarse la vida en 1967, tienen una actualidad impresionante, parecen escritos hoy mismo. Y el recuerdo de esos clásicos que conocemos en la voz de “la Negra” tan bien interpretados, unos y otros, por Carla Giannini, Chiqui Ledesma, Claudio Sosa con la guitarra de Pedro Furio hicieron que aun pasados varios días, siga sintiendo en la piel y en el alma, la misma emoción de aquella noche. Vos fíjate… una perlita.
“Porque los pobres no tienen
adónde volver la vista,
la vuelven hacia los cielos
con la esperanza infinita
de encontrar lo que a su hermano
en este mundo le quitan.
Palomita,
¡qué cosas tiene la vida!,
y zambita.
Porque los pobres no tienen
adonde volver la voz,
la vuelven hacia los cielos
buscando una confesión,
ya que su hermano no escucha
la voz de su corazón.
Porque los pobres no tienen
en este mundo esperanza,
se amparan en la otra vida
como a una justa balanza.
Por eso las procesiones,
las velas y las alabanzas.
De tiempos inmemoriales
que se ha inventa’o el infierno
para asustar a los pobres
con sus castigos eternos,
y al pobre, que es inocente,
con su inocencia creyendo.
El cielo tiene las riendas,
la tierra y el capital,
y a los soldados del Papa
les llena bien el morral,
y al que trabaja le meten
la gloria como un bozal.
Y pa’ seguir la mentira,
lo llama su confesor.
Le dice que Dios no quiere
ninguna revolución,
ni pliego ni sindicato,
que ofende su corazón.
Del corazón de una iglesia
salió el cantor Alejandro.
En vez de las letanías
yo lo escucho profanando.
Yo creo que a tal cantor
habría que excomulgarlo.
Como al revés está el mundo
me mandarán a prisión
y al cantor de la sotana
le darán premio de honor,
pero prisión ni gendarme
habrán de acallar mi voz.
“Porque los pobres no tienen” de Violeta Parra*