Y llegó el día. Nervios, apurones, bolsos a preparar, papeleo burocrático y el sueño de llevar la historia de Las Tejedoras del Alma, el grupo de mujeres que funciona en la Biblioteca Palabras del Alma, al encuentro que organiza Memoria y Territorio en Chapadmalal.
Mientras ese aire de alegría y libertad nos invadía a todas, en momentos difíciles, en los que nos siguen matando, torturando, abusando por ser mujeres, una ciudad sitiada esperaba la llegada del G20, reunión en la que los dueños del mundo reafirman su eterna convicción de seguir siéndolo. El antes del día señalado había sido muy intenso entre reunir el material a presentar en un video editado por Alejandro Encinas y juntar la producción de las chicas. Lo demás, su autenticidad, su agradecimiento, su cariño y compañerismo va siempre con ellas.
Con la solidaridad y sororidad como ejes, salimos cargadas de expectativas a cumplir con nuestro compromiso. Pero también a que la mayoría de ellas y sus niños conocieran el mar.
Y así fue, mientras los canales de TV se dedicaban exclusivamente a Boca-River, a mostrar la llegada de los presidentes, el look de las primeras damas en la gala del Colón y los negociados para los elegidos, otros vivíamos una experiencia que sin duda nos marcará para siempre. Nunca voy a olvidar las lágrimas de las mujeres del alma al finalizar la proyección que cuenta algo de lo que ellas hacen cada día para salir adelante, ni el asombro en el justo momento en que el mar entró en sus ojos. En ese instante, recordé el relato de Eduardo Galeano cuando un niño, frente al mar por primera vez, le dice a su padre “ayúdame a mirar”.
Un capítulo, pasar esos días en los hoteles del complejo turístico de Chapadmalal, construido en tiempos del General. Toda una metáfora argenta: viejas glorias, abandono, destrucción por indiferencia o revanchismo pero de pie, con el decoro intacto y con ese revivir de cada año que le da la llegada de jóvenes y no tanto.
No todo está perdido y como esos viejos hoteles seguiremos de pie y con la esperanza intacta, siempre la esperanza.
Las tejedoras, el mar, el G20 y los hoteles del General
por Graciela Labale