"Estoy cansado/Cansado de mí mismo; de mi enemistad conmigo mismo/O de vivir, o de no vivir, no sé/ Hoy, esta mañana, he considerado lo que queda de mí:/ apenas una fatigada conciencia y algunos inservibles bártulos carnales…” Fragmento de "Detrás de la oscuridad”
Imagen de poesía
por Horacio Pettinicchi
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Su padre, (que llevaba su mismo nombre) fue un poeta modernista que solo publico un único libro ("Otra más alta vida”), libro éste donde dicen que aprendió a leer Antonio Gamoneda. Nacido asturiano, al quedar huérfano en su infancia se radicó en León junto a su madre, mujer claramente presente en su obra, obrado como refugio ante el horror y la miseria de la guerra y posguerra civil española.
La obra de este "niño de la guerra” es peculiarmente biográfica, una constatación del dolor histórico y larga injusticia dominante en su tierra. Su voz poética proviene de la pobreza, la militancia y el dolor marcada por un absoluto desarraigo existencial. El primer poema data de 1947, su primera obra publicada y premiada pertenece a 1960. Luego llama a silencio su pluma por más de una década, hasta la muerte de Franco, donde retoma su actividad creativa. Década enlutada, donde sus compañeros del frente de resistencia intelectual comunista van muriendo uno a uno, asesinados, suicidados o perdidos en hospitales psiquiátricos.
Se le ha preguntado alguna vez por qué se había negado a integrar la Real Academia de la Lengua Española, y contestó.
-¿Qué pintaba yo allí? A mí no me tira eso. Yo pienso que la Academia está muy bien para los lingüistas y que los escritores están un poco de adorno allí. No es mi función.
Decía en sus charlas que las poesías son imágenes que hay que convertirlas en lenguaje poético: "Y pienso que esas imágenes surgen mejor desde un aparente olvido, aparente porque no es completo, recuerdos perfectamente reales, porque tenemos una acumulación subyacente de recuerdos, de pensamiento y eso es nuestra despensa, donde no hay que ir a buscarlas, sino que vienen solos...”
"Un silencio de hormigas, un frenesí de esparto/ Ah corazón clamando ante los almacenes/ Ya no hay sábados; bajas a las iglesias/ a los departamentos de la muerte y
ves la luz de la infelicidad/ yaces y las serpientes pasan sobre las murias derruidas/ Veo la juventud ciega en los atrios, la grasa negra de las negaciones/ Fulge tu lengua entre sarmientos, tu palabra sobre los mástiles/ Más la pureza no se extiende, no diluye en las aguas el acero, no deshabita las comisarías/ Ah corazón clamando por una tierra sin olvido, por un país donde los pájaros se suicidan al amanecer/ (como aquel camarada entre la pobreza y el relámpago)/ viejo tenaz ante las rastrojeras, viejo que aún lloras sobre llagas fértiles:/ dame tu látigo y tus lágrimas, no me abandones todavía/ Agonizabas sobre los espejos y no arrancaste de tu rostro el rostro de tu madre/ No te pierdas aún, préstame algo, dame tu incendio, tu piedad estéril, tus zapatos/ tus hernias, tus alondras, el huracán de tu melancolía y el gran aviso de tu dedo negro/ para que no muera más de mala muerte la criatura del dolor: España”. II De "Lápidas”.