La mejor forma de describir la política argentina es la novela negra, nos dijo alguna vez Jorge Fernández Díaz, y él, periodista de raza (secretario de redacción de La Nación), sabe de las dos cosas como lo demostró en "El dilema de los próceres”, "Mamá”, "Corazones desatados”, "La logia de Cádiz”, entre otras novelas de su autoría.
Lo que no se puede contar
por Horacio Pettinicchi
lithorachi@gmail.com
"Dura, negra, violenta, desencantada y apasionante novela. Es tan argentina que estremece”, dijo Arturo Pérez-Reverte refiriéndose a "El Puñal”, la última novela de Fernández Díaz. En agilísima trama el autor desnuda en una misma historia el lado oscuro de los políticos y la pasión cruel entre un hombre y una mujer. En ella convergen, altos funcionarios, senadoras, delincuentes idolatrados por sus votantes, cocaína diluida en vino argentino.
"A mí me interesa mucho ese detrás de escena de la política. Tiene un ingrediente central para la novela que es la narcopolítica. No quería hablar de los pibes sicarios; más bien de un negocio glamoroso hecho en los grandes barrios privados de la zona metropolitana. Todas las transas con champagne y caviar, que poco tienen que ver con los carteles que estamos acostumbrados a ver”, nos decía el escritor.
"¿Qué carajo querés, Remil?”. Tengo muchos nombres, pero en el ambiente me conocen como Remil. Es un chiste de la colimba que se hizo popular en Puerto Argentino. Yo era un dragoneante cruel de la infantería. "Hijo de remil putas”, me decía mi sargento mayor todas las mañanas, durante los entrenamientos. Era un elogio. Quedó Remil”.
El protagonista es Remil, excombatiente de las Malvinas que trabaja para el coronel Cálgaris en La Casita, uno de los departamentos más confidenciales de los servicios secretos argentinos. De moral acomodaticia su ética responde a lo que le ordena su Jefe, como todo en La Casita, un lugar donde la ley es ambigua, donde todo vale para conseguir información con el objetivo de manejar a políticos, jueces, o lo que sea. Él es el soldado perfecto, que cumple ordenes, héroe infame, como se llama a sí mismo, que se verá envuelto en una trama de corrupción que afecta a las más altas esferas de la Casa Rosada. "Así que eso somos, amigos. Ni héroes de corazón puro ni héroes cansados. Solo somos héroes infames. Aventureros sin moral en los desagües de este país lleno de gente honesta y desinteresada”.
Cuando Remil recibe la orden de proteger a Nuria Menéndez Lugo, una abogada española que ha llegado a Argentina para hacer negocios y que está especialmente interesada en el sector vitivinícola del país, empieza su descenso a un infierno de violencia, manipulación y engaño. Porque "en esa foto personal e imaginaria, la dama blanca viste de negro y tiene las facciones duras y a la vez sensuales. Parece una asesina a sueldo, pero en realidad es una emperatriz provista de un puñal. Y resulta que ese puñal vengo a ser yo”. También es un camino hacia una atracción prohibida e imposible, la que siente por su esquiva y tiránica jefa, que acabará jugando en su contra y le llevará hasta el final de una historia que ni siquiera es la suya.
¿Ficción? ¿Realidad? ¿O una forma de dejar saber lo que no se debe saber?