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OCTUBREANDO

Presencias y ausencias

por Horacio Pettinicchi lithorachi@gmail.com
Por Redacción Pilar a Diario 11 de julio de 2017 - 00:00
"Estoy fingiendo que no te quiero/que no me importa la hoguera, la bolsa negra/la asfixia terrena/el vientre herido/el residuo del residuo en el que me convertís cada vez que te molesta mi sexo/Cada cadáver de mujer soy cada cadáver de mujer/ soy cada falta, cada mujer que falta”.
Olga Orozco decía en una entrevista que la poesía son todas tentativas o aproximaciones para buscar la palabra perfecta. ¿En qué momento algo se convierte en solo posible decir a través de la poesía? Paco Urondo decía que empuñaba un arma porque buscaba la palabra justa. Como dije antes, creo que a través de la poesía se pueden decir, nombrar, cosas que se complican en otros ámbitos. Para mí la poseía no es una búsqueda sino un medio de llegar, no me asustan las palabras que refieren lo sexual ni a lo femenino, al menos en la poesía. A través de ella se pueden decir, nombrar, cosas que se complican en otros ámbitos, nos dijo alguna vez Flor Codagnone 
"…un río de sangre fluye dentro de mí, me inunda hasta ahogarme/afuera, algo no cambia, mi verdadera inseguridad/es a la vista de todos y es lo que todos callan: la percha/ la aguja de tejer/la navaja/ la jeringa, el desinfectante.las pastillas/ la sal, los yuyos/el alcohol, la Coca-Cola/el último sueño, perdido/en la camilla del abortista en la que comienzo a convertirme en una estadística-hemorragia”.
Flor Codagnone nació en Buenos Aires en 1982, licenciada en periodismo, brinda servicios editoriales, clínicas literarias y coordina talleres. Creó la materia Rock y Comunicación Social en la Universidad del Salvador.
"Mis libros tienen un algo de diálogo, una continuidad algo que los une. Los poemas de Mudas (su primer libro) son más vomitados porque salió mucho más fácil, mientras que el segundo libro (Celo) fue más difícil para mí. En ambos libros, los poemas tienen una estructura similar porque ninguno tiene título, capítulo o partes, empiezan y terminan, y a la vez, tienen una continuidad entre ellos, me interesa dar a conocer poéticas femeninas que quizás no están tan difundidas; también estoy escribiendo poemas sobre la violencia de género, en los que lo que hago es ponerme en la voz de las mujeres muertas y eso, por ahí, son más largos, nos contaba”
"¿Por qué escribo este poema?/¿por qué lo digo? ¿por qué sostengo este papel? Si, cuando me mataste/llevaba otro en la cartera/una sucesión de letras, una barrera de palabras/que debía separarte 100 200 300 400 500 metros de mí/un muro imposible/ que no postergó tus insultos, tu bruta carne/no detuvo los golpes, ni cada una de las puñaladas/mi femenino no está en un papel/mi territorio no está en un papel/ mi casa no es de papel, ni mi cuerpo ni mi verdad, ni aquello que me libera y me resguarda/la justicia por mí no está un papel/(la justicia, a veces, no está en la justicia)la mujer no es un papel/no está allí (ni en un poema)y, vos, cobarde, tampoco/ te fuiste en bicicleta”.
A la mujer mi poesía le llega al cuerpo por el lado de lo femenino, como describieron algunas "como un golpe”, "como un choque”. En cambio, en la experiencia de lectura de los hombres se juega algo de lo sexual en su fantasía y en su cuerpo, afirma Codagnone.
"Ardo/en tu odio inflamable/soy todas las brujas/que quemaste/por los siglos de los siglos/todas las mujeres que nombras en llamas/ Soy la ceniza que respira en tu consciencia, te persigo. Amén”. 
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