Por Graciela Labale
Soy mano: Silvita
Con solo 7 años, Silvita, hoy vecina de Presidente Derqui, se trepó por primera vez a un tren a vender su mercancía. Sin rencor ni resentimiento alguno, cuenta que su mamá la mandó porque el hambre apretaba en la casilla de un barrio en las orillas de San Miguel. Cuenta que por entonces el tren fue su casa, su alimento, su cobijo. Ahí se encontró con personas que la acompañaron en el duro mundo de los vagones, advirtiéndola de los peligros, cuidándola, protegiéndola. Pero también se topó con otras que le hicieron conocer todas las miserias. Por esto y más hoy por hoy está absolutamente en contra del trabajo infantil, habiéndose convertido en una luchadora por los derechos de los más vulnerables, particularmente de las niñas y niños.
En el "fierro”, como se lo llama en la jerga al tren, se cruzó con el amor de su vida, su compañero, el padre de sus hijos, también vendedor, el que le hizo olvidar antiguos dolores y con quien lleva adelante su proyecto de familia. Pero sus ansias de superación todo lo pudieron y lo pueden. Con el deseo como bandera, comenzó un recorrido, no tan previsible como el de las estaciones entre Pilar y Retiro. Un recorrido con principio pero sin fin. Fue así como pudo terminar la escuela secundaria a través del Plan Fines e ingresar a la carrera de Derecho en la Universidad de José C. Paz, aunque sin prejuicios, orgullosa de su oficio, siga subiéndose al tren a conseguir el sustento. La posibilidad de estudiar la acercó a nuevas inquietudes como la militancia política en el barrio, en comedores barriales, en canchitas de fútbol para pibes de la calle, luchando contra la violencia obstétrica, siempre al lado de los más necesitados, aunque la defensa de sus convicciones, en más de una ocasión, le hayan costado algunos disgustos y desilusiones. Y ahora suma un nuevo desafío, trabajar por las vendedoras y vendedores del tren. El monotributo social, la cobertura médica, armar un Sindicato de Vendedores del Ferrocarril que evite el atropello de los poderes de turno, ni más ni menos que darle existencia visible a sus pares, particularmente a las mujeres que se reúnen bajo el nombre "Mujeres de Fierro”. Aunque éste, sin dudarlo, será tema para una próxima columna.