"Me declaro culpable, muy bien, pero/debo advertirles que ya ustedes me mataron, me enterraron/me borraron todas las arrugas y las lágrimas de mis hermanos/ y me dijeron que te diviertas con los gusanos/ pero olvidaron de borrar las huellas que mis pasos marcaron/ en tantas calles y caminos del mundo”.
Somos la semilla
por Horacio Pettinicchi
lihorachi@gmail.com
Forjaba el hierro como forjaba la palabra, daba forma artística al hierro y volcaba en la palabra su alma. Poeta y herrero era Dardo Sebastián Dorronzoro, a quien lo desaparecieron en junio del 76. Había nacido en Giles y a causa de las presiones recibidas se fue a radicar en Luján, y fue ahí en su casa y taller de herrería donde lo fueron a buscar.
"No es solamente la luna ni el rocío ni la luz celeste de los pájaros, puede también ser una alpargata vieja, toda agujereada, toda casi muerta después de andar fábricas, andamios o duros y calientes caminos de noviembre. No, no necesariamente todo lo poético debe ser bello. Yo he visto horribles chicos grises como la tierra comiendo tierra, yo los he visto ahí, con sus andrajos y su mugre, reptando, y los he tocado, acariciando su piel y convertido en ángeles, en mariposas, en viento de septiembre. Porque todo antes de ser poesía debe pasar por mi corazón, darlo vuelta con el grito para arriba, colocarlo para el alba, cara al cielo. Todo debe pasar por mi sangre, por mis huesos, por mi respiración, por el corazón de mi sangre.
Pues yo soy un poeta no un hacedor de versos bonitos. Yo soy un poeta que ama a los que no tienen amor ni pan, a los que se van sin haber llegado, a los que a veces sonríen, a los que a veces sueñan, a los que a veces les crece un fusil en las manos y salen a morir por la vida.
En suma: yo he sido, soy y seré un poeta revolucionario.
Sobre mi tumba verán florecer un puño. "Declaración Jurada”.
Dorronzoro recibió menciones y premios en diferentes concursos nacionales. Publicó "La nave encabritada” y "Una sangre para el día”.
"Desde hace tiempo siento la amenaza/ de este viento sobre/ la luz de mi lámpara, sobre esa luz que apenas/ me alcanza para no perderme/ entre las garras del mundo, entre los dientes/ de esa inmensa muchedumbre de lobos en la sombra”. Párrafo que escribiera el día de su desaparición y que su compañera Nelly Dorronzoro encontrara días después entre fragmentos de hierro y palabras que estaba forjando.
Durante el Proceso de Reorganización Nacional, la casa de Dardo Dorronzoro, en Luján, fue cuna de una resistencia. Ahí se reunió un grupo de amigos y artistas para presentar ciclos de cine, compartir lecturas, escribir poemas y dialogar en torno las formas de preservar la vida en una ciudad amenazada por el poder del Estado. De este círculo sobrevivieron muy pocos. Aunque ¯#como menciona el mismo poeta¯# se fueron para convertirse en arte, en lo bello y trascendente que la violencia quiso destruir. "Quisieron enterrarnos. No sabían que somos semilla”.