ver más
Soy mano

Un poco de historia

por Graciela Labale
Por Redacción Pilar a Diario 13 de mayo de 2017 - 00:00
Salí a la calle a festejar el advenimiento de la democracia, sin haber votado a Alfonsín, Después de tanto dolor valía la pena vivir ese momento: "el pueblo unido jamás será vencido”, cantábamos en una sola voz. Leí el "Nunca Más” como si fuera la Biblia. Celebré el Juicio a las Juntas, aplaudido por todo el mundo, escuché emocionada el "señores jueces Nunca Más” y el declarar a estos delitos como de Lesa Humanidad. Cuestioné la teoría de los dos demonios. Salí a la calle a protestar con las primeras agachadas: las Instrucciones a los Fiscales, el Punto Final, la Obediencia Debida, Semana Santa. Salí a la calle con el imperdonable indulto de Menem. Siempre que pude salí y salgo algún jueves a la plaza a acompañar a las Madres. Salí y salgo cada 24 de marzo, en familia, con amigas y amigos a  mantener viva la Memoria, por la Verdad y la Justicia. Salí a la calle y celebré cuando se abrió la ESMA y Néstor Kirchner pidió perdón al pueblo argentino por los crímenes de Estado y me emocioné con su gesto de bajar el cuadro en el Colegio Militar. Apoyé cada sentencia en los juicios a los militares aunque cuestioné que no se unificaran las causas para acelerar el trámite. Critiqué en los 12 años de kirchnerismo, al igual que antes y después, que no se exigiera a las fuerzas armadas la apertura de los archivos para conocer el destino de los 30.000 y de los más de 400 niños, hoy adultos que nos faltan. Lo mismo reclamé a la Iglesia Católica y más ahora con un Papa argentino. Y que no se sepa dónde está Jorge Julio López, desaparecido en tres oportunidades, la última en democracia, luego de declarar ante la bestia de Etchecolaz. Salí a la calle a protestar porque en un cementerio de mi pueblo esté enterrada la cúpula de la dictadura, repudié el nombramiento de Milani como jefe del Ejército y la prepotencia de trapos partidarios en las marchas del 24, buscando protagonismo y dificultando la entrada de las Madres, únicas y legítimas protagonistas, con la bandera de las caras de los 30.000. Sigo repudiando a tanto cómplice civil, empresarial y eclesiástico y a las eternas divisiones del campo popular, aún en el seno mismo de los organismos de DDHH, con marchas y reclamos separados, en asuntos que nos deberían tener más unidos que nunca.
Ahora me tocó, nos tocó, salir a la calle a decirle a la Corte de la "Injusticia” NO al 2 por 1 y salimos. Fuimos miles mostrando al mundo un mar de pañuelos y diciendo fue genocidio, hubo terrorismo de Estado, los crímenes de lesa humanidad no prescriben y el único lugar para los asesinos es la cárcel común, cumpliendo su condena. Mientras tanto, en la increíble Buenos Aires, un Michael Jackson vernáculo mostraba su arte por Florida y los arbolitos seguían ofreciendo "cambio… cambio”.
Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar