A veces, casi siempre, reniego de las redes sociales, todo el mundo repitiendo y repitiendo cartelitos, frases hechas, sin el menor análisis, gente defendiendo con prisa y sin pausa ideas a "ambos lados de la grieta”. Me desagrada y mucho, son pocos los que se toman el trabajo de chequear las fuentes, los que tienen la costumbre de leer de izquierda a derecha libros, diarios, revistas, los que cambian los canales de noticias o sintonizan otras radios, aunque sea por curiosidad, para ver qué piensan los demás y así, modestamente, solo con lectura comprensiva y espíritu crítico formar un criterio propio. Eso sí, rápidamente participan y arman debates, sin siquiera conocer la trayectoria del emisor del mensaje, como suele suceder con alguien tan querido como mi amigo Hernán Nemi, un luchador incansable, que le pone el cuerpo y el alma al hambre y a la ignorancia, desde hace muchos años y hasta enfrentando a los oficialismos de turno. Pocos los saben, eso sí se quedan con la foto al lado de la ex presidenta Cristina Fernández, con eso les basta y sobra para agredirlo de palabra, sin conocer su recorrido. Pero otras veces, no tantas como me gustaría, las redes sociales ofrecen caricias al corazón, palabras que conmocionan hasta hacer saltar alguna que otra lágrima sin querer, como si nada. Y cuánta falta hace en tiempos de tanto dolor cotidiano. Por eso me gusta reproducirlas aquí y así multiplicar las emociones. La autora, una frecuentadora de esta columna, la querida Maiu Dellagiovanna, profe de literatura y enorme amiga. Son palabras que baldean el alma.
A veces tienen razón
Por Graciela Labale
"Ya no te desveles, ya no vuelvas con los pies fríos de la cocina por querer mirar la luna en la ventana. Ya no escribas escurriendo el corazón, ni llores por la quincena que no llenó la olla de tu vecina. Ya no quieras escaparte a Jujuy, ni mires correr los minutos en la noche de ojos abiertos. No te conmuevas, ni dibujes versos sin destinatario, ni quieras llenar cada hueco del alma con canciones. No tapes por cuarta vez a tus hijos en mitad de la noche. No lo mires dormir, agradecida. No saltes al abismo de tu alma. No encuentres paz en tu torpe guitarra.
Mejor dormir, no te desveles. Que mañana hay que amanecer sobre el rocío y hay que sacar el viento de abajo de la cama. Hay que ganarse el pan y regar las flores. Hay que aprender a caminar aunque no todo tenga respuestas. Mañana hay que respirar.
Ya no te desveles ni te preguntes si valió la pena. Tampoco esperes tanto de la alegría, que mañana empiece el día, como empieza cualquier día, que hay que tender la ropa al sol y andar por las calles sin que nadie sepa el porqué de tu mirada, que hay que abrazar lo cotidiano y escaparse de vez en cuando a mirarse adentro. Que muchos vuelven a nacer después de morir en la noche y acá nadie es la excepción. Ya no te desveles y cerrá los ojos, en un rato amanece y se corre el telón”.