En los últimos días me puse a pensar en qué lugar o en qué circunstancia nos pone la vida, en algún momento de su transcurrir. Desde hace unos años un grupo de amigas, entre las que me cuento, nos juntamos alrededor de una mesa a pasar buenos momentos. De esas juntadas aparecieron proyectos solidarios, organización de un par de eventos al año, ganas de hacer algo por el otro. Y así fue, como casi sin darnos cuenta, nos fuimos involucrando en distintas cuestiones. Por junio de 2015, se lanzó la primera convocatoria del colectivo "Ni Una Menos” en todo el país. En ese momento pensamos en organizar algo acá, en Pilar, donde también se sumaban los femicidios y donde era y es necesario visibilizar la problemática para reclamar Justicia y denunciar, en muchos casos, la inacción policial o la escasez de recursos para dar soluciones concretas al creciente número de denuncias por violencia de género o desaparición de jóvenes mujeres. Sólo basta recordar el caso de Carla Milens que aún sigue impune. Así fue como nació el "Ni Una Menos – La Mesa Pilar” y como sin querer nos fuimos convirtiendo en una especie de referentes locales del tema y un espacio virtual al que recurren las personas que viven alguno de estos dramas tan dolorosamente cotidianos. La problemática de la mujer siempre nos convoca al trabajo y aunque pequeño y sin pretensiones sea lo que podemos hacer, sentimos que estamos haciendo algo.
Nosotras
Por Graciela Labale
Y como de la mujer se trata, me permito compartir con ustedes la reflexión de mi prima Claudia González que dice muy bonito.
"Pensaba en que las personas somos lo que somos, y hasta aquí nada nuevo, somos energía pura proveniente de mochilas de vida a veces pesadas, repletas de situaciones complicadas, broncas y rabias que solo cada uno conoce.
Ni hablar de nosotras, las mujeres, que sumado a todo lo que implica el ser humano cargamos con la obligación de ser las mejores hijas, hermanas, esposas, madres, profesionales, amigas, en esta sociedad que nos obliga a estar espléndidas, a ser un estereotipo de mujer que a veces no podemos ni queremos ser… Por eso en ocasiones nos sentimos en la cima del mundo y otras tan abajo que solo podemos respirar por la opresión que nos genera el mandato del "deber ser”.
Y con esta batería de "cosas” salimos a la vida, al cotidiano, a interactuar con los otros, a trabajar a estudiar, a plantarnos ideológicamente, cada una a su manera, dándonos a conocer y tratando que nos conozcan como realmente somos. Salimos a sobrevivir, a la envidia, a la ira, al chisme, al desprecio, al qué dirán, a animarnos a ser diferentes y más. A veces nos equivocamos y a veces se equivocan, otras lastimamos y otras tantas nos lastiman. A veces nos enojamos, otras se enojan, y ahí quedamos emocionalmente condicionadas a las municiones que se disparan y disparamos, sin darnos cuenta que del otro lado, hay alguien, que seguramente también sufre.
Y aquí la reflexión: porqué tantos desencuentros si encontrarnos es tan sencillo! Y sí, pensando en Dios, en lo tan trillado del amor al prójimo, me quedo colgada y extasiada, ¿tan difícil es amar al otro? Y bajando a la realidad me doy cuenta que sí! Dejar el orgullo de lado, el egoísmo, el ser "yo y solo yo” es difícil, y convertirnos y ser simplemente "humanos”, es una utopía! En fin, de todas maneras en el fondo de mi corazón siento que entre todas y todos podríamos cambiar al mundo por amor, al menos yo voy a intentarlo.