por Horacio Pettinicchi
El hombre es tierra que anda
lithorachi@gmail.com
"La incineración humana en los altos hornos/también está al día./¿Qué horror no lo está? /Mujeres de quince a veinte años/ven clausurados sus senos/violada su risa. /Se mata curas militares policías obreros empresarios/ancianos jóvenes políticos estudiantes gremialistas/madres padres hermanos niños profesionales delincuentes/inocentes/se mata se mata se mata/Es tarde ya/me voy a dormir y entre sueños/cuando alargue mi mano para apagar el receptor/ quizás alcance a oír la última muerte del día./ Realmente/en este país /uno no sabe ya cuántas muertes le quedan de vida”.
¿Hasta dónde subirá mi voz para decir su nube? se preguntaba el poeta. Héctor David Gatica; quiere viajar y no puede, sus raíces, su esencia, están profundamente arraigadas en su tierra riojana, hombre árbol con vocación de cielo, acariciando las nubes con sus manos.
Proletario de la cultura nos dedicó su vida, trabajando sólo para nosotros. Escribe, escribe para todos, porque dedicó cada minuto de sus días a recoger la herencia de la tierra. Sus palabras de "los días insólitos”, la vigilia sangrante de un "País desvelado”, nos devuelve a los amigos presos, a las madres que lloran por sus hijos desaparecidos, por sus maridos muertos en la dictadura, eran días que el tiempo se medía en muertes.
Héctor David Gatica nació en La Rioja, su primer libro "Memoria de los llanos” fue traducido a varios idiomas, doce ediciones y varios premios internacionales. Quizás su monumental obra sea "La Cantata Riojana” con música de Ramón Navarro. Con ella recorrió los grandes y pequeños escenarios, incluyendo el teatro Colón, obra que sus autores se negaron a seguir presentando por no estar de acuerdo con la minería de cielo abierto. No es casual que las librerías de Buenos Aires no tienen a la venta libros de Gatica.
"Conversábamos contigo Toto Guzmán de tu reciente prisión /cuando una de tus hijas te avisó que te buscaban /Yo me quedé mirando tu café sin probar/ Volviste y alzando los cigarros y la campera agachándote me susurraste no te muevas han venido a llevarme/Tu mujer trata de convencer a las criaturas que volverás salen a jugar, y recién entonces ella iza las banderas del llanto/ Yo sigo mirando tu café, negro, amargo, y enfriándose como algo que acaba de morir/ Supe que los primeros días estuviste muy mal que te declaraban con los ojos vendados las palabras atadas/ y la ametralladora contra los pinceles/ Cuando te devolvieron las manos con diarios dentífrico fósforos fideos y pedazos de tu imaginación engrillada…/