"Totalmente incomunicado/la frase procesal se retuerce y avanza como un gusano helado por mis huesos. Tiemblo. Es el silencio. La oscuridad. El frío. Las manos contra la pared las piernas bien abiertas quiénes son sus compañeros dice una voz y los golpes suenan en mi espalda como las tormentas calientes del verano de Tucumán. La sangre en los labios las calles inundadas/los barquitos de papel el jadeo entrecortado (las risas de los torturadores me bañan en un aceite grueso y asfixiante). Totalmente incomunicado se repiten unos a otros los soldados que me guardan, sus ojos negros, a veces inocentes, se clavan en mí con curiosidad. Me apuntan con sus armas si me muevo pero les hablo y se acercan a mí y comprueban que somos idénticos pero se hace otra vez la noche y vienen a buscarme. ¿Tienes frío? Preguntan y me desnudan a tirones. El frío. Tiemblo. El frío atroz y amarillo de sentirme impotente en un presente constante y opresivo. Este momento. Este golpe. Este sacudón la pregunta lanzada como un ácido sobre la piel ellos y yo el aullido y el cuerpo retorcido de dolor y asco.
El tiempo vendrá como la lluvia
Por Horacio Pettinicchi
lithorachi@gmail.com.
Totalmente incomunicado ¿de quién? ¿De vos? ¿De mis hermanos oprimidos? Ilusos pequeños hombrecitos juegan a que no saben nada de su muerte como si mis muertos no vinieran a darme aliento entre golpe y golpe como si no escucharan los pasos decididos de mis compañeros cuando el estallido blanco de mi cerebro electrificado y me alzan entre dos y me dejan totalmente incomunicado ¿de quién? ¿De Dios? ¿De la victoria inevitable?
Pobres hombrecitos temblorosos. Hemos decidido anunciarles que la obscena liturgia que practican/es estéril y también suicida pues el tiempo vendrá como la lluvia con el estallido verde de los límites finales”.
Absolutamente incomunicado, de Dios, de nuestros compañeros, de la vida misma, nos decía Julián (nombre con que se le conocía en la FAR) en el período de su detención en Rosario. Su fe inquebrantable en la victoria final no disminuyó ni un ápice pese a la tortura a la que fue sometido. José Carlos Coronel, nació en 1944 en la provincia de Jujuy. Hijo de un obrero ferroviario, profesor en Famaillá, estudiante de abogacía, corresponsal en distintos diarios regionales y en la revista de cultura Piedras (Jujuy) dio su vida por lo que creía. En su detención en Rosario (Totalmente incomunicado) escribe la poesía que acabamos de leer. Poeta, pero más que poeta militante, que creía en una patria más justa, muere en un enfrentamiento en septiembre de 1976, en el barrio capitalino de Villa Luro, junto a Vicki Walsh y otros compañeros.