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OCTUBREANDO

Un hombre gris

por Horacio Pettinicchi lithorachi-@gmail.com
Por Redacción Pilar a Diario 9 de agosto de 2016 - 00:00
"Un hombre gris. La equívoca fortuna/ hizo que una mujer no lo quisiera;/ esa historia es la historia de cualquiera/ pero de cuantas hay bajo la luna/ es la que duele más. Habrá pensado/ en quitarse la vida. No sabía/ que esa espada, esa hiel, esa agonía,/ eran el talismán que le fue dado/ para alcanzar la página que vive/ más allá de la mano que la escribe/ y del alto cristal de catedrales. / Cumplida su labor, fue oscuramente/ un hombre que se pierde entre la gente; / nos ha dejado cosas inmortales”. Los que conocen a Borges saben de su parquedad a los elogios, especialmente a escritores contemporáneos, a Macedonio tal vez, por eso llama la atención de las palabras que preceden sobre Enrique Banchs, calificando a "La Urna” (uno de sus escasos libros) como obra impar en la poesía castellana.
En el lapso que va desde sus 19 a 23 años Enrique Banchs publicó sus únicos cuatro poemarios, para luego llamarse a silencio en su escritura, silencio que se convirtió en uno de los enigmas de nuestras letras. Pese a su pluma callada no dejó de frecuentar a sus colegas que no lograban convencerlo de reanudar sus escritos o reeditar su obra. El desamor, la carencia de Dios, ausencia y melancolía campean en su obra pero que siempre mantiene la esperanza en la reconstrucción del hombre. Hizo uso de una admirable técnica que lleva al soneto a una de sus más claras expresiones.
"Entra la aurora en el jardín; despierta/ los cálices rosados; pasa el viento/ y aviva en el hogar la llama muerta/cae una estrella y raya el firmamento/canta el grillo en el quicio de una puerta/ y el que pasa detiénese un momento/suena un clamor en la mansión desierta/ Y le responde el eco soñoliento/… ¿Adónde podrás ir que no te dejes? /¿Dónde que no te vea, aunque te alejes? /A tu lado quizás te olvidaría, / pues siempre estoy con lo que está lejano, / (lo sabes, juventud: Fausto de un día): /yo siempre estoy con lo que está lejano. 
Toma mi oro, pasajero, y tú,/ no importa qué mujer, mi juventud./ Pues toda la riqueza más querida,/ mi riqueza mejor, está perdida. /Y todo lo demás no importa nada: /igual cosa es la hoja marchitada. /Bellos ojos que amé no veré más; /sus ojos no me mirarán jamás. 
¿Vivir? ¡Qué pobre y miserable cosa! / ¡Que se lleve quien quiera lo que soy: /nada es bello ni bueno desde hoy!/ Ya no salen estrellas ni la rosa /florece, pues sus ojos he perdido./ ¡Si ya no sé vivir!: ella se ha ido. /Todo esto es bueno y tiene misteriosa /gracia. Y alrededor todo es dulzura /y rebosa alegría cual rebosa /la penumbrosa pérgola frescura./ Como es su deber mágico dan flores /los árboles. El sol en los tejados/ y en las ventanas brilla. Ruiseñores/ quieren decir que están enamorados.../ ¡Dios mío, todo está como antes era!/ (Fragmento de "La Urna”). 
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