Un árbol con secretos
Un árbol con secretos
Por Jerónimo García*
¿Sabían de la maldición que cae a quien corta un ginkgo? Un faraón hizo talar los ginkgos milenarios escondidos de un jardín de la Mesopotamia y su reino cayó. Una captura de pantalla perfecta, pero con un comentario escalofriante. En seguida salí corriendo de la Av. Rivadavia y Tucumán, con el objetivo de llegar a Obras Públicas. Una vez en la calle 11 de Septiembre, me paré en seco sobre la puerta del edificio para tomar un poco de aire. Irrumpí en la sala, desesperado, intentando aclarar mis dudas. Me acerqué a Doris, una de las secretarias, y le pregunté: -Doris, y... la... y la.... Intentaba decir entre balbuceos. ¿Dónde está la cuadrilla? -Lo siento, pero acaba de salir hace quince minutos.La noticia era un tiro en el pecho, entrando por el corazón. Me imaginé lo peor. Otra vez hice una maratón contra reloj hasta la famosa plaza 12 de Octubre. Era demasiado tarde, ya estaban talando los ginkgos biloba (especie de árbol único en el mundo que sobrevive desde la era de los dinosaurios). Para colmo, mi tío Carlos se encontraba justo allí, con su pelada infinita, brillosa a causa del sol, con su uniforme azul de Edenor y unos zapatos marrón oscuro Caterpillar. Por un instante alcancé a aferrarme con fuerza a uno de los árboles, mientras cerraba los ojos, pensando que todo pasaría. Sentí como si estuviera desmayado, y que alguien me sostenía los pies con cadenas. Al abrirlos, ya no había nada a mí alrededor, hasta oír una voz a mis espaldas que decía: "Los hombres no pueden entrar en esta tierra, o sufrirán la pena de muerte”. Al girar, pude distinguir que la queja provenía de una mujer. -¿Por qué?, pregunté asustado. -Porque ellos tienen la culpa de nuestra desgracia. -¿Cuál? -Vení, sentate aquí y te lo contaré.
Obedecí y me puse junto a ella. "Hace mucho tiempo en esta tierra no había árboles y tierra fértil. La habitaba una tribu llamada Querandíes, dominando casi toda la actual región pampeana. Era un pueblo feliz, que no tenía problemas con los demás pese a ser nómades. Un día un grupo de personas extrañas llegaron a nuestras tierras. Tenían el pelo rubio, ropas raras y herramientas extrañas. Nos prometieron la bendición de los dioses, así que les dimos cobijo y un lugar donde pasar sus días. Una noche nos atacaron y empezaron a robar. Exterminaban a los hombres que se les oponían, nos arrebataban a nuestros niños y a las mujeres las sometían. Un invierno tuvimos que estar bajo su mando. Hasta que un grupo de mujeres, junto conmigo, se impuso a los invasores. Nos colocamos bajo un conjunto de "árboles de vida”, mientras que, tomadas de la mano, rezamos a la diosa Walichú, para que nos convirtiera en árboles, así podríamos salvar el honor de nuestra tribu y enaltecer las vidas que quedaron olvidadas por la codicia de esos hombres que nos traicionaron, cuando les habíamos dado todo para que sobrevivieran entre nuestro pueblo pero no les importó. Por eso, el que tale una de estas arboledas sufrirá la pena de muerte instantánea”. -Ah, ya comprendo. Otra vez volví a sentir que me estaba desmayando, no podía mantener los ojos abiertos. Al separar los párpados, me encontré al lado de una columna, era la EESTN1 de Pilar. Todavía sufría los efectos del mareo y apenas podía caminar. Al mirar hacia adelante divisé a mi tío Carlos. Violentamente, corrí a él y conseguí detenerlo. -¡Tío, tío! ¡Pará por favor! -¿Qué pasa? -Tengo algo muy importante que decirte, dije, con una sonrisa entre dientes. "Así fue como Marcos logró salvar la vida de su tío contra la maldición de la tribu de los Querandíes, que se ocultaba entre los ginkgo biloba, infringida por un grupo de mujeres de dicha tribu contra la codicia y el odio hacia aquellos colonizadores españoles responsables de aquella masacre. Además de que a Marcos le fascinaban los árboles, cada vez que pasaba por la plaza 12 de Octubre, veía un rostro sonriente en cada corteza, de las que brotaban ramas como si fueran manos entrelazadas. Persistiendo siempre un poco más, para conservar su pequeño secreto...”.
*El autor tiene apenas 12 años y es integrante del Taller Literario "Silvina Ocampo”, coordinado por Julia García Mansilla.