"Yo soy una mujer a la que siempre le gustó menstruar/Los hombres vierten sangre por dolencias sangrientas o puñales clavados/encarnada urgencia a ser estancada/ encerrada/en la mañana oscura de la arteria/En nosotras la sangre aflora como fuente en lo cóncavo del cuerpo/ ojo de agua escarlata/ encharcado satén que se escurre en hebras/ Nuestra sangre se da en mano besada/ se entrega al tiempo como al viento la lluvia/La sangre masculina tiñe las armas y el mar/ empapa la tierra de los campos de guerra/salpica las banderas, mancha la historia/ La nuestra, contenida en blancos paños/ resbala sobre el coxis/ persigna el lecho/ manso sangrar sin grito que anuncia las redes de la hembra/ Yo soy una mujer a la que siempre le gustó menstruar/ Pues hay una sangre que corre hacia la Muerte/ Y la nuestra que se entrega a la Luna”. ("Yo soy una mujer”).
Yo soy una mujer
por Horacio Pettinicchi
lithorachi@gmail.com
Hay autores que escriben para vender –y para eso es necesario buscar lo que le gusta a "todo el mundo”, y hay otros que escriben solamente para escribir, nos decía Marina Colasanti. El primer contacto que tuvimos con ella fue a través de sus cuentos, luego nos impresionó con relatos de princesas, unicornios y castillos con el sabor de viejas historias, y por último nos atrapó con su poesía erótica, permanente intento de decir lo indecible a través de un lenguaje despojado, simple, con ese perfecto ajuste de una palabra con la otra que le sigue.
Marina Colasanti nació en 1937 en Asmara, Etiopía. Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial se mudó a Italia, y en 1948 llegó a Brasil. Estudió grabado en metal en la Escuela de Bellas Artes y trabajó en una imprenta como redactora, ilustradora y columnista. Sus primeras obras estuvieron dirigidas al público adulto. "Eu sozinha” fue su primer libro, publicado en 1968. Desde entonces ha escrito más de cuarenta libros en distintos géneros: poesía, cuento, crónica y novela, tanto para el público adulto como para el infantil y juvenil.
"Viernes por la noche/ los hombres acarician el clítoris de las esposas con dedos mojados de saliva/El mismo gesto con que todos los días cuentan dinero, papeles documentos/y hojean en revistas la vida de sus ídolos/Viernes por la noche los hombres penetran a sus esposas con tedio y pene/El mismo tedio con que todos los días enfilan su auto en el garaje/el dedo en la nariz/y meten la mano en el bolsillo para rascarse los huevos/Viernes por la noche los hombres roncan boca abajo mientras las mujeres
en lo oscuro encaran su destino/ y sueñan con el príncipe encantado”. ("Viernes por la noche”).