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OCTUBREANDO: La insurrección de las formas

Por Redacción Pilar a Diario 12 de julio de 2016 - 00:00



por Horacio Pettinichi lithorachi@gmail.com

No contó ninguna saga, no escribió odas ni cantó a la espada, no escribió grandes poemas a bustos o estatuas que hoy refulgen en las plazas. Solo rescató historias, hilachitas de vida de aparceros, cosecheros, el diario vivir de los que labran la tierra, de los olvidados, explotados.  Diana Bellissi se dejó andar por más de seis años por nuestra América cobriza, a pie se anduvo, alimentándose de versos que escribía en su libretita. Insurreccionó al poema, levantó la imagen poética ante la injusticia del amo y la finitud humana. Pertinazmente, llevó la rebelión  del instante, revelando la imagen frente al tiempo, constituyendo la dimensión temporal del poema a diferencia de la narración que se despliega en la duración. Absolutamente feminista, cantó a lo cotidiano, al amor, a la mera vida.
"Con la voz en bandolera mi padre cuenta: /ellos inventaron un país sin saberlo /Inventaron: /La manera de alzar los ojos, el puño, el techo /No hubo guerreros en mi familia ni doctores ni poetas. /No tengo saga que contar ni epopeya sostenida con la espada en el anca briosa de una yegua. /Sólo un puñado de historias que ni registra siquiera el nombre de los árboles del río o de los pájaros que amanecían/ los días campesinos en un pueblito de Italia perdido con la muerte y la memoria de mis abuelos/ Tengo por herencia un resplandor del Adriático y un enorme azadón que puebla todas las cosechas/ El padre de mi madre tuvo como cuna los aperos de un buey 
que tiraba del arado. /Clavaron las horquillas una cama de bronce y extensas glicinas al sur de Santa Fe/ Levantaban la cosecha propia y después enfilaban el buey hacia La Pampa a levantar la cosecha ajena/ Sin conquistas de indios ni desiertos. Amparados por el rezo la voluntad y el lucero/Hubo, eso sí, un pariente que tocaba el acordeón en mi familia y amistad con peones guitarreros que venían vaya a saber de dónde sino de esta tierra buena para cruzar el precio del olvido y la pobreza/ En tiempo de langostas o sequía en tiempo de mentira/cuando los cerealistas se lanzaban a quiebras fraudulentas nube negra pájaro de rapiña /o era alto el arancel llegado el momento de cambiar por vacas al gringo y todo su esfuerzo/ mis abuelas cambiaron el percal de sus vestidos por las ásperas bolsas que sobraban del maíz o del trigo/En tiempo de langostas o sequía en tiempo de mentira /…La tía Asunta contaba cuentos llenos de viejas maldiciones y milagros/ligados al sudor, la justicia, el trabajo …” (fragmento de María de Alcorta).  
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