“No he amado las almas, es verdad,/ sus pequeñas miserias/ sus rencores sus venganzas/ sus odios su soberbia en cambio he amado generosamente algunos cuerpos/ mi amor los ha embellecido más que el maquillaje/ mi amor los ha enaltecido/ siempre es más fácil amar un seno flácido/ un ojo ligeramente estrábico/ que el mal carácter/ la mezquindad/ o el narcisismo/ llamado otrosí ego.
Octubreando: Lenguaje y poesía
por Horacio Pettinicchi
lithorachi@gmail.com
No he amado las almas, es verdad,/ sus pequeñas miserias/ sus rencores, sus venganzas/ sus odios, su soberbia/ en cambio/ he amado hasta el éxtasis/ algunos cuerpos/ no necesariamente hermosos” (“De aquí a la eternidad”).
Obligada como tantos otros a marchar al exilio, la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi llegó a España a mediados del año 72. Se llevó con ella el lenguaje y la poesía fundando su propio país, sabiendo que es lo único que no le podrán arrebatar, y en él vive.
“Leyendo el diccionario/ he encontrado una palabra nueva/ con gusto, con sarcasmo la pronuncio/ la palpo, la apalabro, la manto, la calco, la pulso/ la digo, la encierro, la amo, la toco con la yema de los dedos/ le tomo el peso, la mojo, la entibio entre las manos/la acaricio, le cuento cosas, la cerco, la acorralo/ le clavo un alfiler, la lleno de espuma/ después, como a una puta, la echo de casa”. (“Palabra”).
Escritora setentista por excelencia, se hace conocer por su libro “La nave de los locos”, donde, desde una óptica surrealista, denuncia los crímenes de las dictaduras militares que por esos años arrasaban Latinoamérica.
Es ahí donde aparece el amor, el erotismo como un intento de exorcizar tanta muerte, lo sensual de cuerpos en libertad.
Su poesía, sensual y lésbica, se construye con un lenguaje directo y espontáneo, irónica y sarcástica, buscando la destrucción de todo lo que limita la libertad despojada de convencionalismos e hipocresías.
“Una mujer me baila en los oídos/ palabras de la infancia/ yo la escucho/ mansamente la miro/ la estoy mirando ceremoniosamente/ y si ella dice humo/ si dice pez que cogimos con la mano,/ si ella dice mi padre y mi madre y mis hermanos/siento resbalar desde lo antiguo/ una cosa indefinible/melaza de palabras/ puesto que ella, hablando,/ me ha conquistado/y me tiene así,/ prendida de sus letras/ de sus sílabas y consonantes/ como si la hubiera penetrado./ Me tiene así prendida/ murmurándome cosas antiguas/ cosas que he olvidado/ cosas que no existieron nunca/ pero ahora, al pronunciarlas,/ son un hecho,/ y hablándome me lleva hasta la cama/adonde yo no quisiera ir/ por la dulzura de la palabra ven”. (“Invitación”).