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Soy Mano: Entre agujas y lanas

Por Graciela Labale
21 de mayo de 2016 - 00:00

Ovillando, tejiendo y destejiendo para volver a tejer, pasamos las mañanas de los viernes en el taller de mujeres de la Biblioteca Palabras del Alma. A pie, en colectivo, en tren, en algún que otro auto que a veces nos acerca “de onda”, llegamos como podemos, esquivando pozos en las calles de la Verde y Peruzzotti que cada vez se parecen más a Kosovo, después de un bombardeo y esquivando la mugre de ramas de poda y basura que se acumula en las zanjas y en las aceras mismas. Es que es poco el alumbrado, poco el barrido y poca la limpieza en los rincones más humildes del Partido.
Algunas acarreando los cochecitos de bebés o con los pibes de la mano, otras como yo, acarreando años, esperamos amorosamente la “juntada” de cada semana y el consabido abrazo. Cuando la rueda de mates, tortas fritas, pan casero o galletitas, según lo permita el bolsillo cada vez más flaco de los más sencillos, empieza a girar, la charla se impone y arranca la tarea. 
Mientras algunas ovillamos la lana donada por corazones solidarios, como los de Graciela Vergani, Andrea Blanco Luna, María Claudia Defante o Niní Robiano y otras mostramos lo hecho en la semana, nos ponemos manos a la obra. Este año la idea es tejer mantas para el frío que empezó demasiado temprano. Tejemos cuadraditos al crochet o a dos agujas, combinamos colores, puntos… y tejemos sueños, aunque como en la vida misma, varias sean las ocasiones en las que haya que destejer para empezar nuevamente. Muchas son las veces que reímos a carcajadas y muchas las que lloramos a mares o nos enojamos por lo que le sucede a una compañera. Algunas víctimas de violencia y abandono, otras arrastrando infancias de abusos y golpes o sufriendo por las adicciones de sus hijos o por los embarazos tempranos de sus hijas, no siempre deseados, ninguna se resigna ni baja los brazos. Entre recetas de cocina para elaborar platos baratos y el dato de las ofertas en los negocios del barrio, alentamos a la que está desanimada y seguimos tejiendo. Es que no es fácil el día a día en estos tiempos que corren. A pesar de todo, reconocen lo bien que se sienten, que nos sentimos, compartiendo cada mañana de taller, entramando penas y esperanzas. Y éste es el motor que nos hace seguir adelante, esperando el próximo viernes, el próximo espacio de encuentro y tejido.
“Hay una tejedora que habita en el alma de toda mujer para enseñarle a mirar su tiempo como un gran ovillo y sus dones como las agujas con las que dar formas a su vida. La tejedora del alma enseña a deshacer las zonas muertas y hacer alquimia con ellas transformándolas en abono para seguir adelante.” 

 
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