“Ya no le pido a la vida / cosas de mucho valer; / sólo le pido una nada: / que me devuelva la sed”.
Octubreando: El canto popular
por Horacio Pettinicchi
lithorachi@gmail.com.
Apenas despuntaba el año nos dejó el decidor, ciento tres años tenía don Aledo Meloni cuando decidió partir. Nacido en Huetel, boyero de chacra en las pampas bonaerenses, se recibió de maestro en el año 1937. Apenas muchachito, con su título de docente bajo el brazo y su maleta cargada de sueños, fue a ocupar un puesto de maestro en Campo del Cielo haciendo suya, de una vez y para siempre, esa geografía, áspera y doliente, del Chaco profundo, con su gente arrasada y condenada a la ignorancia y al desconsuelo, encontrándose con su poesía.
“Lo que va de ayer a hoy/por estar globalizados:/ayer éramos nación, /hoy somos sólo un mercado/La suerte del argentino/la definió un reverendo:/vivir pagando, pagando; /morir debiendo, debiendo/ La ley nos iguala a todos/sin embargo, al delinquir/unos van a un calabozo/y otros a una celda VIP /Qué patria paradojal:/mientras la usura enriquece/ aquí el trabajo empobrece... /Pero la amamos igual”.
Maestro por 25 años y otros tantos como periodista, a los 52 publicó su primera obra, “La tierra ceñida a mi costado”.
“El hombre llega al otoño / como a una tierra de nadie / para morir es muy pronto / y para amar es muy tarde”.
Sembrador de versos, nos dejó algo más de veinte libros de poesías, coplas y haikus. Fue un poeta de vara larga que marcó su huella, y sin embargo no desdeñó la cuarteta popular, pícara e incisiva, para cantar opinando, al estilo hernandiano. La copla es universal: el sentimiento del hombre, el dolor, la alegría, la pena, están en ella, nos decía.
“Sólo dejamos, al final, unas palabras…/ Tendrá más vida que ellas / la ceniza glacial / de nuestros huesos”.