"Morir es un arte, como todo. /Yo lo hago excepcionalmente bien. Tan bien, que parece un infierno/Tan bien, que parece de veras. Supongo que cabría hablar de vocación”.-
El saber morir
por Horacio Pettinicchi
lithorachi@gmail.com
Seis de la mañana. Todavía no acaba de amanecer en Londres, invierno duro, el peor en cien años. Una luz se prende en la casa cercana a Regent’s Park. Una mujer lleva el desayuno a la habitación de sus pequeños hijos. Las da un beso en la frente, regresa a la cocina y con la misma meticulosidad que escribe sus poemas todas las mañanas cierra la puerta de la cocina, tapa cada resquicio con toallas, mete la cabeza en el horno y abre la llave de gas. Ese día, Sylvia Plath, quien acostumbraba a escribir un poema por día, luego de infinitos intentos alcanzó la perfección, su suicidio. Sus temas: el macrocosmos frío y hostil de un universo indescifrable, el microcosmos cotidiano de su angustia, su cuerpo, la obsesión por la muerte.
Escribió una sola novela autobiográfica, "La campana de cristal”, basada en su primer intento de suicidio.
"La mujer alcanza la perfección/Su cuerpo muerto porta la sonrisa del deber cumplido/ la ilusión de una necesidad griega fluye por los papiros de su toga/Sus pies desnudos parecen estar diciendo: Hemos llegado hasta aquí, es el fin/Dos bebés muertos hechos ovillo, serpientes blancas, cada uno prendido a un pellejo de leche, ya vacío/Ella los ha replegado hacia su cuerpo como pétalos, de una rosa que se cierra cuando el jardín/ Se endurece y las fragancias sangran, desde las dulces y profundas gargantas de la flor nocturna/La luna no se habrá de entristecer, allá en su atalaya de hueso. Tiene, de todo esto, la costumbre. A rastras crujen sombras negras”. Su último poema, escrito el día anterior a su muerte.
Su obra fue reconocida posteriormente gracias al impulso de su esposo, el poeta inglés Ted Hughes, (del que se había separado cinco meses antes). Fue la primera poeta en recibir post-mortem el Premio Pulitzer por el conjunto de su obra. Hughes murió en 1998 después de publicar una colección de poemas llamado Birthday Letters, todos dedicados a Plath. En uno, titulado "Ouija”, cuenta cómo él y Plath se comunicaban con un espíritu (Hughes era ocultista). En el poema, Plath le pregunta al espíritu si serán famosos. La voz le contesta: "La fama vendrá. Especialmente para tí. Y cuando viene pagarás por ella con tu felicidad, con tu marido, y con tu vida”. Sylvia Plath murió sin saber que padecía de trastorno bipolar.