Cae la tarde en las ciudades y el fin de año pesa en los párpados. Siempre llegamos igual, cansados. Agotados como la publicidad de las pilas Duracell con el conejito que se va apagando de a poco.
Entre la poesía y los tarifazos
ViCTOR KOPRIVSEK
Sin embargo, aun queda un último esfuerzo, ustedes saben, las fiestas de fin de año, del trabajo, la escuela, amistades, instituciones, etc.
Es joda, fiesta, ya lo sé, pero para ese universo de gente con responsabilidades laborales e institucionales, digamos, los organizadores de las fiestas, mamita querida, todavía les queda una última batalla antes del descanso de las vacaciones.
¡Vacaciones! ¡Qué palabra hermosa!
Suena algo así como rumor de olas salpicando los confines del cerebro, olas con gusto a sal, o montañas, paisajes de la inmensidad al costado de las rutas, o pileta en el fondo de una quinta alquilada y sin celulares ni notbooks o celulares urgentes.
Son unos días pero ¡lo bien que hacen! Tan solo imaginar dormir hasta cualquier hora es una caricia al alma.
¿Por qué llegamos a esto? Puedo asegurar y sin temor a equivocarme, que esta realidad de quienes vivimos en el conurbano bonaerense no es la misma de los compatriotas de las provincias.
Acá estamos siempre a las corridas, viejo. Acá es una vorágine que te arremolina las horas y cuando te querés dar cuenta, se te fue el día, la semana, el mes y el año.
Por eso me gusta pensar en diciembre como si fuera viernes. Aunque mi caso es bastante particular porque los fines de semana son más complicados que lunes o martes.
Pero en general, para la mayoría, los viernes son días de júbilo, la sola idea de vivir dos días sin ciertas rutinas tediosas es para muchos, una alegría.
Así me adentro a diciembre, pesados los párpados y los hombros, cargando las cosas del año que se va, pero sabiendo que a la vuelta está Dios en esa mesa familiar tendida que espera una vez más la celebración de la navidad, el año nuevo.
Y después, enero (o febrero) con sus días de vacaciones, bien merecidos, por cierto.
Antes, que me olvide, el jueves 8, que es feriado, en el Torrente Espacio Teatral (Bolívar y Vergani) junto con Labale y el Chino Méndez vamos a leer un poco de poesía, vio. Es a las 21, con entrada libre y gratuita, como pa despuntar el vicio. Si no la vida se llena de tarifazos.