Se retuercen, se entreveran obscenamente, impúdicamente y a la vista de todos, se enroscan. Están en lo alto de la copa y están al pie del árbol. Son parte del bosque tanto como vos y yo. El bosque, la multitud de autos que van y vienen sobre las mismas calles destruidas.
Se enroscan y se mezclan
por Víctor Koprivsek
Sus caras están en las tapas de los diarios locales y sus nombres aparecen en las pantallas de los canales nacionales.
Hay mucho por hacer, pero eligen dejar que todo se venga abajo.
Hay mucho por mejorar, pero solo miran para el lado de los negocios.
La caja tira.
Después están los que hablan. Los que escriben en las redes sociales y salen con cualquiera. Grieta. Grieta que se vuelve abismo. Grieta que divide al pueblo, que profundiza el odio y carcome el alma. Grieta que distrae.
Un ejemplo que todavía está en la mesa, el tema de las fotomultas en Pilar.
Las calles están destruidas, intransitables, no es joda. Pozos increíbles, cero cartelería y señalización, ¿iluminación? Cada vecino sabe. ¿Sendas peatonales? Prácticamente no existen.
La ruta 8 es una vergüenza, la 234 camino a Derqui ya no tiene ni banquina, ya la gente no puede salir ni a correr o hacer ejercicios.
¿Educación vial en las escuelas aunque sea en los cursos superiores? Tampoco.
Sin embargo, y como quedó visibilizado por todos los medios locales y hasta nacionales, el actual intendente Nicolás Ducoté del PRO y el candidato a intendente por el FpV José Molina se unieron para imponer a toda máquina la fotomulta en PIlar.
Encima, nos echan la culpa a los conductores. Y hay gente que hasta los justifica.
Sigamos, Peaje Larena. No hay colectora. No importa, los vecinos y vecinas tienen que pagar igual. Y si no, palo. Gendarmería para ellos, mientras el choreo está a la orden del día en las ciudades.
Dejo para el final lo peor de la política de hoy. Mezclada, entreverada, enroscada. "El matadero municipal de José C. Paz”, señores.
La vergüenza e hijaputez más grande de los últimos meses.
Mario Ishii, oscuro patrón y referente del justicialismo rancio que perdura, unido a la pulcritud de la luminosa gobernadora María Eugenia Vidal, juntos en blando abrazo, uno por acción y otra por omisión, uno por dar la orden de que todos los camiones de basura vayan a parar al arroyo Pinazo y la otra por mirar para otro lado, tan decorosamente y rodeada de las oraciones de todos los cristianos.
No solo se cagan en el prójimo, ignorando los pedidos de habilitación correspondiente para poner un matadero, semejante industria contaminante categoría 3, sino que además ahora, de caliente y de muy mala gente, hicieron un basural a cielo abierto en el lugar.
El nivel de violencia y de impunidad que trasmite esa respuesta política a las personas que dijeron "No es conveniente un matadero en un lugar urbanizado”, en un evento con mil personas. ¡¡¡1000!!!
Que en septiembre pasado, 150 de ellas incluyendo alumnos de cinco escuelas, fueron hasta el Congreso de la Nación para argumentar por qué "No al matadero” en una audiencia pública.
Poner un basural, es una declaración de guerra, loco.
Fotomultas con las calles como están, un peaje sin colectora y un basural como respuesta política a la preocupación de los vecinos que no queremos un matadero.
Váyanse a la mierda.