ver más
OCTUBREANDO

Mi canto

por Horacio Pettinicchi lithorachi@gmail.com
Por Redacción Pilar a Diario 29 de noviembre de 2016 - 00:00
Kishinev, principios de siglo XX. Antisemitismo pogroms zaristas. Preludios de las sangrientas masacres que sobrevendrán en la Europa hitleriana. No fue una tragedia accidental, es la desventura secular del pueblo judío; y el poeta al igual que el profeta, no pudo callar. Jaim Najman Bialik, el poeta del pueblo judío, levantó su voz. 
"Levántate y ve a la ciudad de la matanza, a los patios/y verás con tus ojos y palparás en los cercos/y sobre los árboles y sobre las piedras y sobre los muros/la sangre coagulada y el seso endurecido de los muertos/Y huirás de allí, y vendrás a un patio, y verás un montículo: sobre este montículo dos fueron degollados: un judío y su perro/La misma hacha los despedazó y en una misma basura/fueron arrojados y en la mezcla de sus sangres/escarban y se revuelcan los cerdos/Mañana será la lluvia y arrastrará la sangre/a cualquier arroyuelo, y ya no gritará más/desde las cloacas y desde los desperdicios/ Y se perderá en el gran precipicio/o alimentará algún pobre arbusto/y todo volverá a ser como fue/y todo será como si nada hubiera sido/Y ahora, hijo del hombre, ¿qué haces aquí?/Ve y huye al desierto y llevarás contigo/la copa de la pena, y allí partirás tu alma/en diez trozos y tu corazón será presa/de una cólera impotente/y tu gran lágrima que descienda sobre las rocas/y despide tu rugido amargo y lo arrebatará la tempestad”. ("En la ciudad masacrada”)
Nació el 9 de enero de 1873 en Zhytomyr (hoy Ucrania). Jaim Najman Bialik (convencido sionista) tuvo enorme importancia en la recuperación de la lengua hebrea. Luego de una breve temporada en Alemania, en 1924 se radica en Tel Aviv. Falleció el 4 de julio de 1934 en Viena.
"¿Sabes tú de quién aprendí yo a cantar?/Aquel cantor fue el grillo, poeta de la miseria/ Se asemejaba el sábado a una jornada común/la mesa sin "jalá” y el vino santificados/y, en vez de los candelabros, empeñados/la luz de magras velas pegadas en la arcilla/ danzaba en las paredes. Siete niños hambrientos/ rodeaban, somnolientos/ la mesa, y nuestra madre oía con angustia/ los cánticos sagrados de añeja melodía/  Y, con el alma mustia/y humillado, y vencido nuestro padre servía/ pedazos de pan negro y de arenque salado/ con un viejo cuchillo, de filo ya embotado/Nosotros masticábamos el pan reseco y soso/pan de la humillación, con lágrimas mojado/ y tragado de prisa, con gesto vergonzoso/ Después, acompañábamos al padre en la canción/ con muerto corazón y con vientre sonoro/ Mientras que nuestro grillo se unía a nuestro coro/modulando su estrofa en su oscuro rincón”. (Mi canto). 
Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar