Es tiempo de hacer una pausa y pensar en el debe y el haber de este 2016 que está terminando. Es tiempo de saldar cuentas y empezar a programar lo que vendrá. Aún en épocas complicadas, renovar las ganas y los asombros, proyectar, hacer con lo que hay y como sea,
La hoja señalada
por Graciela Labale
nos mantiene despiertos, vivos. Y entre los "debe” del año, con mis amigos querido, Víctor Hugo Koprivsek y el Chino Méndez, nos quedaba una noche de música y poesía en Torrente Espacio Teatral, el nuevo reducto de Pilar comandado por Martín Simeoni y su compañera, Daniela Alonso.
Y así fue cómo surgió "La hoja señalada”, un encuentro con la palabra y la buena música que estaremos presentando el próximo 8 de diciembre por la noche, en Bolívar y Vergani, en el centro de Pilar. El nombre elegido tiene que ver con unos 17 años de recorrido, con una enorme cantidad de libros marcados, con orejitas dobladas arriba o abajo, señaladores, resaltadores, manuscritos al margen, borradores, computadora, discos, guitarras y un sinfín de botellas de tinto complaciente. Bella tarea es la de elegir textos, repleta de emociones encontradas, trasnochadas complicidades, charlas con discusiones incluidas, lágrimas y silencios.
De esta forma, pasaron y pasarán versos imprescindibles.
Los de Hamlet: "Hay gente que con solo decir una palabra enciende la ilusión y los rosales…”
Los de María Elena: "En mis tiempos había tiempo. Recuerdo bien que por ejemplo la higuera derramaba esparcimiento y una rosa nos duraba mucho más que cualquier empleo…”
Los de González Tuñón: "Subiré al cielo, le pondré gatillo a la luna y desde arriba fusilaré al mundo suavemente para que esto cambie de una vez…”
Los de Cortázar: "Mira, no pido mucho, solamente tu mano, tenerla como un sapito que duerme así contento…” Los de Benedetti: "Me jode confesarlo pero la vida es también un bandoneón. Hay quien sostiene que lo toca Dios pero yo estoy seguro que es Troilo ya que Dios apenas toca el arpa y mal…” Los de Donata Paz: "El alba de la Rosita, huele a pan recién horneado, el frutal madero arropa hogazas que han madurado…” Los de Oliverio: "Se miran, se presienten, se desean, se acarician, se besan, se desnudan…” Los de la Pizarnik: "ella se desnuda en el paraíso de su memoria, ella desconoce el feroz destino de sus visiones, ella tiene miedo de no saber nombrar lo que no existe.” Y así será como irán surgiendo otros, los ignorados, los desconocidos, los urgentes, los comprometidos, los dolorosos, los "devorados por amores calcinantes”, los versos necesarios para seguir andando, para seguir soñando.