Horacio Pettinicchi lithorachi@gmail.com
Cuando abunda la escasez
"¡Cuánta abundancia/de escasez en esta época!/Le tiemblas a la hora/de comer/hombre absurdo/Le tienes miedo al hambre/porque te saca/todo el pan”. (El pan)
La poesía de Walter Adet es una voz crispada, absolutamente descarnada, es la palabra de los desposeídos, de los solos, tan solos como esos cuerpos en el frio mármol de una morgue. Su poesía es sustancial y esencial.
Adet perteneció a la llamada generación del sesenta, al igual que Manuel J. Castilla, del que fue compañero en la redacción del Intransigente (diario salteño). Para él su poesía -austera, sintética- era la rebelión interior ante "ese cofre de fracasos” que le había legado la vida, donde la palabra se descarna para denunciar las carencias sociales del sistema que oprime y margina.
"Porque yo sé también que el que trabaja/no se da tiempo para hacer dinero/y que cuando destape una agujero/lo tendrá que tapar con su mortaja/que le enseñaron a lustrar mi caja/pero no a preguntarme por qué muero/y que a veces por hombre y jornalero/con dos tragos asienta una migaja/Que cuando me voy de una taberna/están su botamanga y su entrepierna/mostrando una costura descosida/y que con un remiendo triste en la mirada/dice que nunca juntaremos nada/porque los pobres todo lo echamos a la vida”. (Los oficios)
Walter Adet nació en Salta el 3 de diciembre de 1931 y falleció en la misma ciudad el 9 de octubre de 1992. "Polvo trepándose/a mi sombra/cielos con pájaros de arena/yo caminé sobre las aguas/a dejar huellas en la tierra. /Sobre las aguas/de tu cuerpo/donde la siembra/es mi cosecha/donde nos deshojamos/en el otoño/de la piedras”. (Canto de amor)