ver más
Soy mano

Derrapando II

Por Graciela Labale
Por Redacción Pilar a Diario 1 de octubre de 2016 - 00:00
Mi amigo Víctor Koprivsek, el inventor de vientos y otras tempestades, fue el autor de "Derrapando”, Soy Mano del pasado sábado.
Toda la semana esa historia sin fin estuvo dando vueltas en mi cabeza, sumando y sumando derrapes a montones. Y ayer por la mañana, en una Jornada de Lecturas y Escrituras organizada por el Profesorado de Literatura del Instituto 51 en la que vi por enésima vez el final del Juan Moreira de Leonardo Favio, sentí la profunda necesidad de seguir contando las penurias que se viven a diario. Y ¿por qué? ¿Qué relación tiene esto con la película de Favio?  Asociaciones que una hace observando aquellas bellas imágenes y las miserias cotidianas. El lugar que ocupan los de abajo, los desclasados, los sin voz, los caídos o los que están a punto de caer del sistema. Los siempre "sospechosos, vagos y malentretenidos”.
La cosa pasa siempre por intentar mirar un poco más allá de la nariz. Un simple viaje en colectivo del centro de Pilar a un barrio cualquiera, en este caso a Peruzzotti, vale para dar cuenta de las vicisitudes que vivimos y los derrapes a los que somos sometidos. Un ejemplo, en el recorrido, por Ituzaingó, el bondi pasa por el Patronato de Liberados, una dependencia oficial a la que tienen que concurrir personas que fueron privadas de su libertad y que están tratando de reinsertarse en la sociedad. Esas personas, que como todos los mortales, pretenden tener una segunda oportunidad, son atendidas detrás de una reja. Las razones las desconozco, no sé si la puerta no funciona o tuvieron algún episodio que les haya hecho tomar la decisión de atender así. Digamos que es raro, una reja sigue siendo el límite entre los buenos y los malos, qué sé yo… detalles, solo una observación, un tipo de derrape.
El viaje recién empieza, apenitas nos vamos alejando del centro, la travesía se convierte en turismo aventura. De camino a la Biblioteca Palabras del Alma, los pozos, lomadas y roturas varias son tantos que el viejo "Samba” del Ital Park es un poroto. Ni hablar de lo que es bajar en Corbeta Cefiro y O’Higgins. Allí se impone ser experto en algún deporte acuático para poder cruzar.
Ya de a pie, los derrapes continúan: zanjas olorosas, basura a montones (hasta un auto volcado y quemado), la olla vacía de los vecinos y su consecuencia directa: el creciente número de comedores comunitarios tratando de paliar el hambre. Las violencias de todo tipo en las familias, en la escuela. La tristeza pintada en la cara de muchos. Observaciones que vengo haciendo desde hace años. Siento que a veces no caminamos, derrapamos… ¿o nos hacen derrapar? 
Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar