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En la estrella negra te encontraré

por Hernán Deluca.
12 de enero de 2016 - 00:00

Para muchos, tener un fanatismo por algo o alguien, no es recomendable. Bueno, yo fui, soy y seré fanático de David Bowie. Nunca padecí esa fiebre.

Hasta hoy, claro. Con la noticia de su muerte, algo muere en mí. No puedo definir qué es pero se asemeja bastante a la desaparición de un ser querido. Estoy buscando esa ausencia desde las siete de la mañana, desde que Ani, sabiendo del impacto que iba a provocar, dijo: Amor… (Pausa)… Una mala noticia.
Desde que tengo pelitos bajo el brazo miro a este artista como lo que es: un Dios. 
Primeras imágenes: en el video de “Let´s Dance”. En ese cuento maravilloso, llamado “Laberinto”, en aquel video con Jagger, donde pasados de rosca corren y cantan por las calles falsas de un set mal iluminado. En la propaganda de Pepsi, junto a Tina Turner.
Mi niñez avanzaba y la referencia se hacía cada vez más evidente. En su arte había un camino a seguir, eso estaba claro. David Bowie me ayudó a encontrarme, a entender que la realidad puede ser vista y comprendida de otra manera.
Con la adolescencia medio que lo abandoné. No podía decir a los cuatro vientos que me gustaba. El macho barrial necesitaba otros modelos. Entonces, lo escuchaba en silencio. Hurgaba en su pasado musical y lo que descubría explotaba por dentro. En sus discos de los 70´s estaban las respuestas. Todas. Pero, no podía ser compartido. Yo no podía decir que todo lo que escuchábamos había nacido con él.
Hoy, mis amigos lo tienen ahí, bien arriba.
Es que, tarde o temprano, iba a pasar. Les pasará a todos. Porque, Bowie, a pesar del pensamiento generalizado, es para todos. Así lo quiso siempre. Su música no es elitista. En sus cambios estéticos se refuerza su intencionalidad. En mezclar las artes, vemos sus ganas de llegar y abrazar al mundo entero. En sus distintas elecciones, desde el soul americano, a la electrónica alemana, hay un interés por ser de y para todos.
La moda, el teatro, la pintura, el cine, la literatura, los variados géneros que se desprenden del rock le deben a Bowie. Mucho.
Es un artista que transforma. Posta. Tu idea de cualquier cosa cobra otra dimensión cuando pasa por su filtro.
Lo vi en vivo en 1997, en la cancha de Ferro. En un festival de esos donde desfilan bandas del momento. Cerraba él, con el plus que su presentación era la última de la gira. Por eso, la felicidad en su rostro, en cada una de las canciones.
Ahí estaba yo, con mis ojos encendidos, viendo los increíbles ojos de mi Dios. Era real. Parecía un humano, pero no… ¿Cuántas personas están a tres metros de una divinidad? Soy un privilegiado.
Lo lloraré todo lo que haga falta. Después, cuando me detenga, mantendré vivo su legado, hasta mi último suspiro.
Duque, estoy muy triste. Pero, entiendo que este viaje será el mejor de todos. En la estrella negra te encontraré. 
 
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