Fueron los “asaltos” que convocaban a preadolescentes en el garage de una casa en torno a música, comida y bebida, la incubadora del disc-jockey que durante más de una década hizo bailar a una generación de pilarenses.
“Si no la parlabas con mis lentos…, nunca más”
Durante una década, Pocho Vázquez fue el DJ símbolo de Mediterráneo. Impulsor de los lentos que unieron más de una pareja en Pilar.
Juan Manuel Vázquez es el nombre sepultado bajo el seudónimo “Pocho”, quien se apoderó de los sonidos de Mediterráneo, acaso el boliche más recordado del distrito.
La afición empezó a los 12 años pero tomó forma profesional a los veintipico, cuando la vuelta de la democracia renovaba las ganas de salir a divertirse. Era el año 1983 y la consigna, clara: revivir los domingos de una discoteca que apenas había cumplido dos años.
“En ese tiempo hacía fiestas estudiantiles me vino a buscar una amiga que trabajaba en un gimnasio. Tuve una reunión con los dueños y estaba asustado”, recordó en una charla con Materia Prima (FM Plaza 92.1).
El derecho de piso lo pagó con creces, cuando le tocó ser ayudante del DJ de los sábados, un tal “Oveja”, que le ocultaba el nombre de los discos para que no tuviera de dónde inspirarse.
“Los sábados había un DJ de Capital y antes se marcaba la diferencia. Yo pasaba todo nacional, Los Pericos, y este DJ me decía que era un grasa”, contó y agregó que “me pusieron de secretario de él para que aprendiera a enganchar pero con una servilleta me tapaba el nombre del disco, un día me fui a la misma oficina donde él compraba y me llevé toda la música que él pasaba”.
La mezquindad no alcanzó para ponerle un coto al potencial del joven Pocho que al poco tiempo ya tenía el monopolio de la música de Mediterráneo. “Con él no iba nadie y conmigo se llenaba, metíamos hasta 1.000 personas los domingos”, aseguró con el orgullo de haber ganado la batalla.
Su fuerte
Lo que comenzó siendo su gran apuesta terminó por convertirse en su marca registrada. Los “lentos” que alrededor de las 5 de la mañana acercaban a chicos y chicas fueron el inicio de más de un matrimonio pilarense.
“Después de varios años yo ya manejaba toda la música de Mediterráneo, y se me ocurrió que tenía que imponer algo para la gente, para los que no sabían cómo llegar a una chica, porque muchos daban vueltas y vueltas y nunca pasaba nada”, rememoró.
Eran alrededor de 45 minutos el tiempo de gracia que otorgaba Pocho para materializar las conquistas: “si en ese momento no te la parlabas no lo hacías nunca más”.
En cuanto al mito del éxito de los disc-jockey con las chicas, él se encarga de derribarlo: “He tenido mis cosas pero cuando estaba ahí arriba trabajando yo no le daba importancia a las mujeres”.
Maestro
Su maestro fue Héctor Suasnabar “uno de los que puso más énfasis en nuestra profesión, -reconoció- el que nos dio el empujón para aprender este oficio, no solo enganchar sino la base de lo que es la música”.
Hasta la casa de éste en Capital llegaba Pocho con sus ahorros para hacerse de la música con la que sorprendería el fin de semana siguiente en Mediterráneo. “Yo gastaba muchísima plata en discos”, aseguró.
Pero la habilidad con las tres bandejas que supo cultivar Pocho, quedó atrás con el avance de la tecnología. Hoy ya no quedan rastros en su casa de los miles de vinilos que atesoró. “Los digitalicé todos y los regalé”, apuntó. Solidario, aseguró que “yo estoy regalando música porque no me gusta que los que empiezan tengan ese sufrimiento que tenía yo, más vale orientarlos y ayudarlos”.
• UN HALLAZGO. El tema lo había escuchado en la radio y no podía conseguirlo. Con esa inquietud llegó a la casa de un DJ proveedor de material. “Se juntaban de todos lados y podíamos estar todo el día escuchando música”, recordó. “Le comenté del tema ‘Marina’ y me dijo que tenía una azafata que se lo estaba trayendo de España”, y continuó: “me trajo una versión un remix lo empecé a poner”. No obstante, reconoce que “el otro DJ de Mediterráneo me decía que era una grasada”.
• SU LÍMITE. Lidiar con los pesados que le pedían temas fue parte de su oficio. “Había uno que me volvía loco con un tema de Led Zeppelin y hasta que no se lo pasaba, no paraba”, rememoró. Pero
todo tiene un límite y Pocho también. Puesto a recordar qué música nunca pasó, afirmó que “la música pesada, que a mí no me gustaba”.