Pasa uno y pega, pasa otro y pega arriba, otro viene atrás y pega arriba de arriba. Y otro después, arriba de todos. Lo loco es que son dos precandidatos de un mismo Frente. Estoy hablando de dos caras puntuales. Molina y Zúccaro, antes socios políticos, ahora, dicen que no. Alto pegote están armando. Postes, paradas de colectivos, carteleras, paredes de casas abandonadas y no, muros. Ni hablar de los pasacalles.
Soy mano: Pegatina loca
por Víctor Koprivsek
Ahora bien, si doña Coca pone un pasacalle por los 15 de su hija, al otro día se lo sacan. Contaminación ambiental, argumentan.
¿Hace cuánto que nos estamos fumando esta desfachatez? ¿Este gastadero de guita? Porque todos sabemos. Lo loco es que no estamos hablando de otros precandidatos. Son dos nomás.
-Es que no puede entrar otro, papá. Dice uno canchereando y guiñándome el ojo. Obviamente que labura en política. Bah, labura. Qué sé yo, labura. ¿O no? En fin. Mientras tanto, la pegatina loca sigue. Se vienen las PASO… ¿Y después? Mmm… ¿qué va a pasar con estos dos? ¿Volverán a ser uno?
Una cara roja, una naranja. La cara roja de las últimas elecciones se volvió azul y la naranja del voto inteligente se puso nacional y popular vio. Y las dos se volvieron duras, bien duras. Y los muchachos siguen pegando, mazacote por acá, mazacote por allá. Cada árbol una pasada de engrudo, cada esquina un pasacalle. Camioneta que viene, camioneta que va. Firma al pie del muro pa’ jugar.
No voy a hablar de las gigantografías porque no ensucian, además es algo más top, más fashion. Esos carteles enormes al costado de la Panamericana, ¿qué valen? ¿30 luquitas por mes cada uno?
-Y de un solo lado pibe. Me avisan.
-Mirá que hay guita en Pilar, eh. Comentan en el barcito frente a la plaza. Pero no te vayas a enfermar, cabeza. No vayas a caer en el hospital público porque no salís. De ahí a la camita de tierra, un PASO. Se viene, se viene, las urnas esperan, la pegatina sigue, la muchachada pinta que pinta, reuniones de acá, vecinos de allá, promesa que viene, promesa que va.
Camionetita con propaganda a la siesta. Musiquita pegadiza, producción discográfica de último momento, avionetas susurrantes. Si lo querés contar tal cual pasa, es como muy bizarro, como una mejicaneada, un dibujo de Dalí.
Y cuando se caigan todos los afiches quedará otra vez el poste desnudo, sin cloacas ni agua corriente, ni gasas, ni pediatras, por cuatro años más.