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Soy mano: Decir amigo

por Graciela Labale
2 de mayo de 2015 - 00:00

Decir amigo es decir juegos, escuela, calle y niñez. Gorriones presos de un mismo viento tras un olor de mujer. Decir amigo es decir vino, guitarra, trago y canción, furcias y broncas. Y en Los Tres Pinos una novia pa’ los dos.
El tipo hoy está cumpliendo 32 años, es nada más que un año mayor que mi hijo, sin embargo, es uno de mis amigos del alma. De esos incondicionales.
A la hora de pensar en él, jamás lo identifico como a un hijo, ni ahí que me siento su madre, ni mucho menos. Es esa clase de amigos a los que uno es capaz de confesarle las cosas más tremendas, las miserias más dolorosas. Entonces él, con su mejor cara, asimila lo dicho y con un gesto, una palabra o un abrazo, está ahí acompañando, compartiendo.
Decir amigo me trae del barrio luz de domingo y deja en los labios gusto a mistela y a natillas con canela. Decir amigo  es decir aula, laboratorio y bedel. Billar y cine. Siesta en Las Ramblas y alemanas al clavel.
Muchas veces, cuando pienso en él, pienso en su barrio, en su lugar: barrio Toro de Presidente Derqui. En su profunda identidad con la tierra que lo vio crecer, aunque a veces sea un chamamé, de esos que cuentan los dolores profundos de la tierra de sus padres chaqueños.
Lo conocí cuando aún iba al colegio Latinoamérica y la pasión por la poesía nos unió para siempre. Todavía cursaba 5º año y ya era un hombre que sabía lo que quería y para dónde rumbear.
Decir amigo es decir tienda, botas, charnaque y fusil. Y los domingos, a pelear hembras entre Salou y Cambrils. Decir amigo no se hace extraño cuando se tiene  sed de veinte años y pocas “pelas”. Y el alma sin mediasuelas.
Por supuesto que una de las imágenes más fuertes  suyas, de esas que no se olvidan, es de una mañana de septiembre, tempranísimo, con una entrando al quirófano cuando con los ojos vidriosos dice “va a estar todo bien Gra”. Mi amigo es un hombre de ley, hoy con una hermosa familia y la casita hecha con sus propias manos, es un tipo necesario, de esos que siempre hacen falta.
Decir amigo es decir lejos y antes fue decir adiós. Y ayer y siempre lo tuyo nuestro y lo mío de los dos. Decir amigo se me figura que decir amigo es decir ternura. Dios y mi canto  saben a quien nombro tanto.
Esta noche con un buen vinito de por medio, celebraremos tu cumpleaños, brindaremos por tu vida. Y sí, hablo de vos Chino Méndez, de vos que repetís hasta el cansancio, amiga… “usted sabe que puede contar conmigo y yo con usted”. Salud amigo!

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