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Soy mano: Un fin de semana con la dignidad

por Graciela Labale
16 de mayo de 2015 - 00:00

Ya pasaron cuatro funciones de Bodas de Sangre y con ellas, cabe hacer un par de reflexiones. La primera, felicitar y abrazar a todo el elenco, al director y demás colaboradores de la Comedia del Pilar, un lujito la puesta y las actuaciones. Cuánta dignidad arriba de un escenario. Como dije por ahí, son una banda de atrevidos. Sí atrevidos, porque, que un grupo de teatro independiente de Pilar, igual que hace 25 años la gente de UT8,  en tiempos tan apurados, tan abreviados, tan recortados, tan mediatizados, tan de éxitos fáciles que como llegan se van, se le atrevan al gran Federico García Lorca no es un hecho menor. Son meses y meses de esfuerzo, de lecturas, de ensayos, de como dijera alguien del elenco primero decodificar cada palabra, conocer su significado, comprender el mensaje y su sentido, texto y contexto para poder contar una historia. Todo esto en medio de las obligaciones familiares y laborales de cada uno.

Nadie o al menos, en el ámbito local, ninguna de las actrices y actores de por acá, puede vivir solamente del teatro independiente. Combinar días y horarios de ensayo, memorizar la letra, compenetrarse en el personaje y al otro día madrugar para cumplir con las labores cotidianas en una escuela, una fábrica, un comercio, en una profesión distinta al hecho actoral o viajar a Capital diariamente para estudiar, es un esfuerzo imposible de no valorar y destacar.
La otra reflexión que quiero hacer a propósito de Bodas y de Federico es: a dónde fueron a parar tan bellas palabras. Qué hicimos con nuestra lengua! Qué pocas, cada vez menos, usamos no solo en nuestro vocabulario diario sino también a la hora de comunicar, en los medios gráficos, radiales, televisivos. Qué pobreza, por Dios! Qué pena grande! Vuelvo a repetir ¿a dónde fueron a parar las más bellas palabras de la lengua castellana? Éstas por ejemplo, de su poema  “Noche del amor insomne”:
Noche arriba los dos con luna llena, yo me puse a llorar y tú reías.
Tu desdén era un dios, las quejas mías momentos y palomas en cadena. Noche abajo los dos. Cristal de pena,
llorabas tú por hondas lejanías. Mi dolor era un grupo de agonías sobre tu débil corazón de arena.
La aurora nos unió sobre la cama, las bocas puestas sobre el chorro helado de una sangre sin fin que se derrama. Y el sol entró por el balcón cerrado y el coral de la vida abrió su rama sobre mi corazón amortajado.
Releer, escuchar o ver la interpretación de los clásicos puede hacernos volver a despertar a la belleza.  Hoy mismo a las 21.30, queridos lectores  y lectoras, todavía tienen la oportunidad de acercarse a Lorca, en el Lope de Vega.
Les aseguro no se van a arrepentir. Y QUE VIVA EL TEATRO!
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