El próximo fin de semana, en la segunda edición de de organizada por , los pilarenses podrán volver a escuchar a dos referentes del folklore local: Ramón Núñez y Eduardo Bravo.
En Derqui se juntarán la música y la voz del folclore
El evento tendrá lugar los días viernes, sábado y domingo en las inmediaciones de la plaza Antonio Toro, en Presidente Derqui, con entrada libre y gratuita, desde las 11.
La carrera Núñez en la música supera las siete décadas. Empezó a escribirse durante su infancia en Exaltación de , cuando su madre escuchaba al gran Eduardo Falú. Siguió trazando su huella a medida que recorría casas de cultura y conservatorios y se dejaba llevar por las danzas tradicionales en su escuela. A los 14 años se instaló con su familia en Derqui y comenzó a tomar clases nada menos que con Edmundo Zaldívar hijo, autor del clásico carnavalito “El humahuaqueño”.
Desde entonces, se confiesa un agradecido al folklore. “Este ritmo marca la identidad de nuestro pueblo. Es el arte que nos une como pueblo. Y es también la base de mi vida. Vivo del folklore que tanto me dio”, admite entre mates y estudios de música. Y mira al futuro con esperanzas. “Veo llegar a los jóvenes con entusiasmo. Ellos llegan con ganas y también con conocimientos. Nosotros teníamos que ir hasta las casas de música para conseguir una partitura. Hoy ellos pueden entrar a Internet y conseguir lo que quieran”.
Núñez dirá presente en la inauguración de la nueva Casa de de Derqui. “No tengo más que palabras de agradecimiento para los que luchan por difundir nuestra cultura, que es el mayor bien que podemos tener”.
Ladero
También se presentará en de , el viernes a las 18.30, su gran amigo y compañero de aventuras en los escenarios, el recitador Eduardo Bravo, quien reconoce a Núñez como “uno de los mejores guitarristas del país”.
Su familia tenía un almacén de ramos generales a donde entraban músicos de todo el país y sin preámbulos arrancaban con las milongas camperas. Una anécdota lo pinta a de cuerpo entero: “Hace tres años estaba en una presentación en Campana. Mis verbos hablaban de un hijo pródigo que volvía a su pueblo demasiado tarde, cuando su padre ya no estaba. Al finalizar, en medio del público un padre y su hijo se fundieron en un abrazo mientras todos mirábamos emocionados como se pedían perdón. Luego, los dos se acercaron para agradecerme y para contarme que mis palabras los habían unido. ¿Se le puede pedir algo más a la música?”.