Soy mano: Las cuarenta

por Víctor Koprivsek
sábado, 2 de febrero de 2013 · 00:00

Calor de fuego, del asfalto salen bestias incandescentes que te abrazan y derriten los chicles de tus bolsillos. El desierto de la siesta invita sombras sin descanso. Sopor de esquina en la tarde última.

Febrero arranca con el asfalto en llamas, 38º de sensación térmica al escribir esta columna.

La “mama” hace jugo de naranja, la abuela se levanta de la siesta, el “papa” se da un baño, chapuzón de sobrinos e hijos en piletas, baldes acarreados con agua fresca para tirarse en la cabeza.

Carnaval, llegaste con todo. Hoy hay murgas en la avenida principal del barrio. Digo hoy pensando en mañana sábado, en hoy, en ahora que lees esta columna mientras desayunás o mirás la luna, amigo lector. Tal vez crítico y destructivo lector jajaja.

Sin embargo, las noticias comienzan a nacer en este mes como anticipo de lo que llega.

Marzo espera con su rueda loca, con su 24 urgente, con sus comienzos de escuelas y madres conductoras en los mediodías de tránsito atascado en las esquinas del centro.

Pero falta, las vacaciones de muchos siguen dando vueltas en el barrio, gente tranquila saluda sin rumbo o entran y salen de los supermercados casi sin ruido, después la casa envuelve tíos junto a la tele, Cosquín, Villa María, Baradero, partidos de River-Boca, folclore y fútbol, destellos de la luna.

Así la cosa sigue, se acomodan las fichas en el tablero político de turno, año de elecciones, nadie queda afuera de la marea avasallante. Salvo la multitud que calla.

Después algunos se enamoran, otros destruyen lo alcanzado, aquel se pasa de bando, el otro sigue firme en sus principios mientras cientos de jóvenes sonríen y juegan a ser libres. Y lo son. Vaya si lo son.

Hay amantes, hay maridos felices, mujeres satisfechas y hay quejosos que no se conforman con nada.

Soy mano, Tute Cabrero con el presente. Con las cuarenta en la mano quién me quita lo bailado. Febrero es como estar recostado en una hamaca paraguaya laaaaaaaaargamente… y a la sombra.

 

Descansen vecinos, es tiempo de parar. Un poco, ¿no? 

 

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