Apuntes desde la otra vereda: Un osito cariñoso

domingo, 30 de septiembre de 2012 · 00:00

 

por Hernán Deluca

 

Hacé de cuenta que tenés una gran licuadora en la que le metés: el oso que vendía Sofovich a comienzos de los noventa en “La Noche del Domingo”, ese que reía y todo. El peor disco de Queen, es decir; la banda sonora de “Flash Gordon”. El oso malo de “Toy Story 3”, inolvidable personaje. Todas las referencias cinematográficas de los ochenta que creías haber eliminado de tu cabeza, pero, ¡oh, sorpresa!, ahí están, más vivas que nunca.

Por las dudas, para que no te quede soso, agregale otro oso. Concretamente, el que pensaron y diseñaron unos pibes llamados Stanley Kubrick y Steven Spielberg para esa joyita que defenderé hasta mi último suspiro llamada “Inteligencia Artificial”. Importante: no te olvides de ponerle algo de nostalgia, otro tanto de juventud y una pizca de ese humo que pega, you know. Listo. Ahora, dale On.

A la mezcla resultante, un tanto ácida, escatológica e inteligente, te la podés servír fría o caliente. Da lo mismo. Y la podés tomar solo o acompañado. No fallará. Vos, confiá en este humilde servidor y disfrutá, porque lo que vas a vivir con este surtido es muy parecido a lo que viví el pasado domingo, en el cine, cuando vi “Ted”, la comedia del momento.

Escrita y dirigida por Seth MacFarlane (el creador de “Padre de familia”, serie animada que se emite por Fox desde el año 1999), “Ted” es un raro y original homenaje a ese cine fantástico que tanto nos gustaba cuando éramos adolescentes (les recuerdo, soy clase 75). Pero, al mismo tiempo, es una comedia amarga que no tiene pelos en la lengua a la hora de reflejar aquella amistad masculina que se prolonga por culpa de una inmadurez que no quiere irse.

Desde el trailer, esta película ya generaba enormes expectativas. ¿Un oso de peluche que habla, fuma marihuana y se enfiesta con prostitutas? Esas son las imágenes de la superficie. No saben lo que hay debajo.

Como si se tratara de un tierno cuento de Navidad, el pequeño y solitario John (Mark Wahlberg) pide un hermoso deseo: que su reciente obsequio, el oso de peluche Ted, adquiera vida. De esa manera, el niño podrá contar a lo largo de toda su vida con un amigo inseparable. ¡Qué lindo!

Tan inseparable, que treinta años después, ambos personajes se la pasan tirados en el sofá comiendo papas fritas, tomando cerveza, drogándose y viendo “Flash Gordon”, una y otra vez.

Con esta información y muchas aristas que prefiero no contar, el debut de MacFarlane en la pantalla grande es un producto muy divertido y muy inteligente a la hora de tocar las fibras íntimas del espectador. Luego de la risa exagerada, celebramos la aparición de innumerables citas a una época que reconocemos. Y es ahí cuando llegamos a emocionarnos. Así de sorprendente es esta comedia, lejos, una de las películas del año.

 

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