Soy mano: Historia en primera persona

Por Graciela Labale.
sábado, 7 de julio de 2012 · 00:00

“La Plata, 5 de agosto de 1982

Jorgelina querida:

¡Que tengas un feliz día! Hoy cumples tus 9 añitos y aún estando yo en Argentina* no puedo estar contigo. No me permiten verte tus padres adoptantes, ciegos de mi sufrimiento. Dicen que perteneces a ellos. ¡A mí me niegan acercarme a vos, mirarte, abrazarte, estrecharte, escucharte, sentir tu risa, tu contacto! ¡A mí que eres mía! Si vivieran tus papitos nos repartiríamos la dicha de tenerte. ¡Qué hermosa criatura eras cuando naciste y cómo hubo enseguida entre nosotras dos una significativa comunicación! Llorabas y enseguida en mis brazos, ¡en mis brazos! te calmabas. A veces parecías dormida, entonces tu papito, para aliviarme un poco, porque eras una gordita pesada, quería tenerte él en sus brazos, pero enseguida gruñías. Te sentías feliz y mimosa en mis brazos cuando yo estaba con ustedes. Eras un montoncito, tibio, hermoso ¡tan querido! ¿Será posible que esto ocurra? ¿Es posible que puedan así alejarme de mi querida e inolvidable nietita? Jorgelina yo no quiero arrebatarte, yo no me opongo a que vivas con tus padres adoptantes siendo feliz con ellos. Tu felicidad, tu tranquilidad son prioritarias para mí. ¡Así pensé desde el primer momento que supe dónde estabas y con quiénes estabas. Esto me trajo disgustos con otras personas que no es el caso comentarlo ahora. Pero ¿por qué tus padres no permiten que nuestra natural y sana relación de abuela–nieta continúe? ¿Por qué? Nuestra relación fatalmente interrumpida no impedirá chiquita mía que tu vivas una vida plena y feliz con tus actuales padres adoptantes. Al contrario de lo que ellos piensan reinaría una paz que aumentaría la felicidad de todos. Sí, de todos. Tengo para vos varios regalitos Jorgelina. Un perrito de felpa que compré en Suecia cuando te esperaba allí y en lugar de llegar vos, me llegó la aterradora noticia de tu desaparición. ¡Oh Dios mío! Tengo un ángel de porcelana que gira iluminado al compás de ‘Noche de Paz’. Lo escuché una sola vez. No pude más. Lloro… y lloro… y tengo otras cositas más para tu habitación. Que Dios te ampare. Te abrazo y te beso…te beso…te beso”.

 

“Abuelita Ana”

(*vivía exiliada en Suecia para salvar a otro de sus hijos).

 

 

Esta tremenda carta la escribió Ana Taleb de Molina, en uno de sus viajes a la Argentina buscando a su nieta Jorgelina Molina Planas que había sido apropiada por un matrimonio e inscripta bajo el nombre de Carolina Salas. Forma parte de una cantidad interminable de correspondencia, que nunca llegaba a las manos de la niña, “sus padres adoptivos” la hacían desaparecer, de la que su abuela Ana guardaba prolijamente una copia. Hoy Jorgelina es una de las nietas recuperadas que está reconstruyendo su historia. Para ella y para muchos de nosotros, la jornada del jueves 5 con la condena a los represores, entre ellos Jorge Rafael Videla, por el robo de bebés como práctica sistemática y generalizada, será inolvidable. Por eso, entonces, qué mejor que traer a cuento esta carta que es la historia misma escrita en primera persona y las palabras de Jorgelina tras escuchar el fallo: “La justicia no viene sola, la justicia trae esa verdad y esa paz que todos buscamos… Ojalá que esta justicia nos ayude a sanar tantas heridas que como pueblo han quedado grabadas, esas heridas que han roto tantos lazos, tantas familias… tanto por sanar y reconstruir.”

 

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